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Guía definitiva de Teletrabajo para Abogados: Más de 15 consejos para superar con éxito el cambio de rutina

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El teletrabajo o trabajo a distancia consiste en la prestación de servicios o en la oferta de productos desde un lugar distinto y alejado del centro de trabajo habitual, mediante el uso de medios informáticos y/o de telecomunicación.

La declaración del estado de alarma el pasado día 14 de marzo de 2020 ha potenciado considerablemente el teletrabajo en la casi totalidad de los sectores comerciales y profesionales –salvo aquellos en los que el teletrabajo resulta imposible, como las tiendas de alimentación, los servicios de reparto a domicilio, etc.–, entre los que se encuentra incluido el sector legal. El teletrabajo o trabajo a distancia consiste en la prestación de servicios o en la oferta de productos desde un lugar distinto y alejado del centro de trabajo habitual, mediante el uso de medios informáticos y/o de telecomunicación.

Un gran número de empresas, tanto nacionales como multinacionales, han venido aplicando desde hace algunos años esta nueva forma de trabajar. Sin embargo, no es habitual que los abogados o las firmas legales se decanten por el teletrabajo como forma habitual de prestar sus servicios, pues sigue imperando la idea tradicional de trabajar en un despacho u oficina, que sirve como punto de encuentro con los clientes y con otros compañeros.

Para muchos de estos profesionales jurídicos el teletrabajo se ha convertido en un reto, ya que en casa las distracciones pueden ser mayores que en el despacho u oficina, lo que repercute inevitablemente en el tiempo que se acaba dedicando al final del día a cada una de las tareas pendientes, en la eficiencia del trabajo desarrollado y en la productividad.

En este sentido, los expertos recomiendan seguir una serie de hábitos para aumentar la productividad, reducir el estrés y realizar el trabajo de manera eficiente. A continuación, podéis encontrar algunos consejos de teletrabajo para abogados:

Delimitar el espacio de trabajo

Es fundamental tener claro qué espacio de la casa se va a dedicar única y exclusivamente para trabajar, ya que si decidimos trabajar desde el sofá o desde la cama, es probable que terminemos distrayéndonos y dejando a medias el trabajo empezado.

En este sentido, debemos buscar un lugar en el que podamos crear un ambiente de oficina. Para ello, pueden seguirse los siguientes tips:

  • Acomodar una mesa o escritorio que sea lo suficientemente espacioso como para no amontonar todos los expedientes y documentos que debamos revisar o utilizar durante la jornada de trabajo.
  • Utilizar una silla cómoda, que no sea rígida y que nos permita adaptar nuestra postura para evitar dolencias una vez terminemos nuestra jornada laboral.
  • Adaptar una estantería o cajonera para almacenar y organizar los asuntos con los que debemos trabajar.
  • Tener a disposición el material de oficina que precisemos (ordenador, certificado electrónico, bolígrafos, subrayadores, post-it, carpetas, clips, grapadora…).
  • Que el espacio de trabajo esté próximo a una ventana que deje entrar la luz natural o, si no es posible, utilizar una lámpara o flexo de luz blanca y fría, pues esto nos permitirá estar más activos mientras estemos trabajando.
  • Decorar nuestro lugar de trabajo a nuestro gusto, siempre de tal forma que nos resulte agradable para trabajar y no resulte muy cargado.

Continuar la rutina establecida para el trabajo presencial

Normalmente, cuando desempeñamos nuestro trabajo fuera de casa, seguimos diariamente unos hábitos para dirigirnos al despacho o a la oficina. Sin embargo, hay a quien le cuesta iniciar la jornada de trabajo en casa si no ha seguido previamente la rutina que tiene marcada e interiorizada. Si es tu caso, los expertos recomiendan no alejarse de esta rutina, aunque hayamos implantado el teletrabajo para este periodo de cuarentena.

En consecuencia, lo aconsejable es mantener los hábitos que ya hemos interiorizado para nuestra vida diaria:

  • Activa tu alarma o despertador a la misma hora los días de la semana que tengas que trabajar.
  • Desayuna como lo haces habitualmente, evitando los desayunos copiosos que puedan disminuir el rendimiento.
  • Ponte el uniforme o el vestuario que dediques al trabajo, pues, de esta manera, tu mente asociará el cambio de vestuario con la obligación de empezar la jornada laboral. Para muchas personas, resulta muy complicado comenzar a trabajar y mantener la concentración llevando puesto el pijama, pues lo asocian con tiempo de descanso, lo que reduce la motivación y las ganas de realizar esas tareas pendientes.
  • Incluso, haz ejercicio en casa si estás acostumbrado a realizar deporte al aire libre o en el gimnasio antes de acudir a tu puesto de trabajo.

Establecer horarios

Los abogados, tanto si son autónomos como si están contratados por firmas legales o por empresas, suelen dedicar a su trabajo diario más horas de las que equivaldrían a una jornada completa. Este exceso de jornada laboral se convierte en un craso error cuando hablamos de teletrabajo.

Seguramente, la inmensa mayoría de los abogados están pasando este periodo de confinamiento con sus familias –ya sean sus padres y hermanos, su pareja, sus hijos…–, lo que hace necesario distribuir las horas del día en distintas actividades. Entre ellas, se encuentra naturalmente el trabajo, pero también la familia, las tareas del hogar o simplemente el tiempo que cada uno quiera y/o necesite dedicarse a sí mismo.

Por este motivo, es recomendable establecer horarios para cada día de la semana y, para ello, es necesario conocer qué tareas debemos realizar cada día, qué asuntos son urgentes y cuáles pueden atenderse en otro momento. De esta manera, resultará sencillo dedicar un espacio temporal a cada una de las tareas pendientes.

Con la finalidad de establecer horarios que podamos cumplir, debemos tener en cuenta las circunstancias personales que nos rodean para evitar distracciones y cumplir con los objetivos marcados en tiempo. Por ejemplo, si hay que darle el desayuno a los hijos, si en un franja horaria determinada tenemos que atender a personas mayores, si somos nosotros quienes nos encargamos de preparar la comida, etc.

Atendiendo a estas circunstancias personales, podemos establecer un horario flexible, que no se desarrolle todos los días en el mismo espacio de tiempo según las necesidades que tengamos que atender. Esto no quiere decir que trabajemos solamente un día a la semana o algunos días sí y otros no, puesto que, en este sentido, es aconsejable establecer rutinas (por ejemplo, trabajar cinco horas cada día, con independencia de que esas cinco horas diarias se distribuyan de diferente manera a lo largo de la semana) y aprovechar las franjas de tiempo en las que nuestra productividad es mayor.

 

Realizar descansos regularmente

El hecho de establecer unos horarios no implica que debamos realizar toda la jornada de trabajo de manera seguida y continuada, sin descansos. Esto sería contraproducente y podría provocar saturación y estrés.

Es fundamental fijar los oportunos descansos, tanto durante la jornada laboral como una vez finalizada la misma. Es necesario descansar 5 o 10 minutos cada 45 minutos o una hora de trabajo, dependiendo de la densidad del asunto que estemos tratando; periodos más largos suponen una disminución de la concentración y, por lo tanto, del rendimiento y la productividad.

Asimismo, es importante mantener los días que habitualmente veníamos dedicando al descanso (por ejemplo, los sábados y los domingos), así como la hora a partir de la cual ponemos a fin a nuestro trabajo diario. Esto nos permitirá dedicar tiempo a nuestra familia y a nosotros mismos, lo que se traduce en desconexión del trabajo y en la relajación personal.

 

Evitar distracciones

Del mismo modo que adaptamos un espacio de nuestro hogar para llevar a cabo nuestro trabajo, es fundamental que el resto de la familia sepa que, mientras te encuentres trabajando, debes evitar los ruidos y las distracciones constantes.

Una de las distracciones más habituales, en el caso de aquellos profesionales que tienen hijos, es que éstos no alcancen a comprender que, aunque estés en casa, no pueden acudir a tu puesto de trabajo cada vez que quieran algo. En este aspecto, es muy importante fijar horarios para los pequeños en los que deban realizar una serie de tareas que les mantengan ocupados. De esta forma, será posible que todos podáis realizar las tareas encomendadas.

 

No anular las reuniones

Si antes de declararse el estado de alarma, tenías señalado en tu agenda una serie de reuniones con otros compañeros, con clientes, etc., no las anules ni las pospongas, a no ser que la otra parte te lo pida.

Actualmente, los medios telemáticos como Skype, Zoom, Hangouts, etc., facilitan que las citas de trabajo puedan seguir desarrollándose cuando no es posible hacerlo de manera física o presencial. Para ello, sigue simplemente el mismo guion o planificación que llevarías a cabo si la reunión se celebrara de forma presencial.

Mantener la calma y ser consciente de la situación

Probablemente, muchos abogados tuvieran muchos trámites pendientes ante Organismos públicos o Instituciones. Sin embargo, la situación que atravesamos ha obligado a que dichos trámites y gestiones deban realizarse de forma telemática, lo que, en muchas ocasiones, implica el colapso o el mal funcionamiento de la página web a la que debemos acceder.

Igualmente, es frecuente que los teléfonos inicialmente facilitados para atender consultas y realizar trámites se encuentren desconectados o que no obtengamos respuesta.

En estas situaciones, es muy sencillo llegar a un punto de desesperación e incluso agobio y estrés. Es fundamental mantener la calma y ser conscientes de las circunstancias en las que nos encontramos; lo contrario solamente nos empujará a frustrarnos y a abandonar el resto de tareas que teníamos fijadas para esta jornada de trabajo.

Mantener contacto con los compañeros

Resulta muy beneficioso mantener el contacto con los compañeros de despacho o de trabajo; incluso, en aquellos despachos de abogados en los que solamente trabaje un profesional, es recomendable que éste mantenga relación con otros compañeros durante la etapa de teletrabajo.

El hecho de contactar con los compañeros no debe ser un motivo de distracción, sino todo lo contrario: permite consultar dudas sobre asuntos que ambos tengáis entre manos; comentar cómo estáis viviendo esta situación y las dificultades que estáis encontrando para realizar algunas gestiones, pues esto está estrechamente relacionado con el consejo anterior, ya que si otros se encuentran en nuestra misma situación, es más fácil no caer en el caos y la desesperación; informar de las novedades y las nuevas medidas que se están adoptando durante el estado de alarma, lo cual puede ser beneficioso para tu trabajo y el de tus compañeros.

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Gestión de reuniones para Abogados. 5 consejos útiles

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Inevitablemente, la creación de despachos de abogados integrados por varios Letrados, ya sean autónomos o asalariados o una combinación de ambos, hace surgir la necesidad de celebrar reuniones con cierta periodicidad para tratar muchas y muy distintas cuestiones.

Del mismo modo, es frecuente concertar reuniones entre los Abogados que asumen la defensa de la contra parte en un procedimiento judicial –especialmente cuando son varias personas las que intervienen como parte demandante/denunciante y/o como parte demandada/denunciada–, con la finalidad de intentar alcanzar un acuerdo que facilite el desarrollo e incluso la terminación del procedimiento.

Por otro lado, también existen reuniones con los clientes o potenciales clientes y reuniones de carácter más informal en las que pueden intervenir bien solamente Abogados o firmas legales, bien empresas o emprendedores pertenecientes a cualquier otro sector comercial o profesional. Esto último es lo que se conoce como networking.

En cualquiera de estos tres ámbitos, resulta de vital importancia que los bufetes de abogados lleven a cabo una adecuada gestión de las reuniones para lograr el objetivo propuesto con carácter previo a la celebración de la reunión.

Por ello, analizamos en este artículo diferentes tips o consejos que pueden ayudar a conseguir una gestión eficaz de las reuniones de Abogados.

 

– TENER PRESENTE EL TIEMPO

No son pocas las ocasiones en las que una reunión se alarga más de lo esperado y en las que, además, el tiempo invertido en la reunión no resulta productivo, lo que puede llevarnos a no cumplir con las tareas pendientes que teníamos marcadas en la agenda para ese mismo día y, por tanto, a incurrir en retrasos con la planificación diaria o semanal que teníamos prevista.

Expertos aconsejan no prolongar una reunión más de 60 minutos, especialmente si los temas a tratar en la misma revisten cierta complejidad, como podría ser una reunión dedicada a negociar un asunto jurídico. Esto es así porque nuestro nivel de concentración alcanza su cota máxima entre los primeros 30 y 60 minutos, disminuyendo progresivamente a partir de ese momento.

Sin embargo, algunos asuntos requieren que la duración de la reunión sobrepase los 60 minutos, en cuyo caso es recomendable establecer pequeñas pausas de entre 5 y 10 minutos, que se consideran suficientes para despejar la mente y poder reanudar la reunión donde había quedado antes del impasse.

– CONVOCAR A LAS PERSONAS ESTRICTAMENTE NECESARIAS

Estudios sobre la materia recomiendan el uso de la regla 8-18-1800. ¿Qué significa? El número máximo de asistentes o convocados a la reunión variará en función de cuál sea el asunto a tratar en la reunión o el objetivo de la misma.

Por ejemplo, si se celebra la reunión con el objetivo de realizar un brainstorming (por ejemplo, en el ámbito de reuniones en la esfera interna del propio bufete de abogados), el límite máximo de personas debería ser ocho, pues un número mayor resultaría contraproducente y generador de mayores conflictos.

Sin embargo, si un Abogado quiere comunicar a otros empresarios que va a prestar un servicio innovador en el sector legal (networking), sería viable convocar o invitar a 1800 personas, ya que la promoción del nuevo servicio podría ser útil para captar nuevos clientes entre los asistentes.

Por otro lado, cuando se conviertan reuniones entre los Abogados de las partes implicadas en un procedimiento judicial con el objetivo de alcanzar un acuerdo o de perfilar determinadas cuestiones que no estaban claras, no deberían asistir los propios clientes cuando la mala relación y los desencuentros entre ellos sean constantes y evidentes, ya que, en ese caso, su presencia solamente va a contribuir a entorpecer el desarrollo de la reunión e incluso a impedir que cada una de las partes logre el objetivo que se había propuesto. En este tipo de situaciones, resulta fundamental la confianza entre Abogado y cliente para que éste no dude de que aquel tiene plenas capacidades para iniciar y llevar a cabo una negociación en la que proteja de la mejor forma sus intereses.

Evidentemente, en cualquiera de los contextos, a la reunión deberían asistir todos aquellos Abogados que estén implicados en los asuntos que vayan a tratarse en la misma, pues establecer exclusiones haría que la reunión perdiera completamente la finalidad para la que fue señalada.

– ELABORAR UN PLANNING U ORDEN DEL DÍA

Es fundamental que todos los convocados a la reunión conozcan con antelación los aspectos fundamentales de la misma, tales como la duración, la hora y el lugar, los asistentes, los objetivos de la reunión, los temas a tratar, etc.

Hoy en día, la comunicación previa de estos aspectos resulta muy sencilla, ya que existen herramientas informáticas y tecnológicas de gestión de equipos y proyectos dedicadas a este fin, en este caso compartir la información necesaria para organizar adecuadamente la reunión.

Resulta especialmente importante que los objetivos de la reunión queden claros y que se trate de objetivos que merecen una reunión para ser tratados. Con esto, se viene a evitar el desarrollo de reuniones rutinarias que no conducen a conclusiones concluyentes o cuyos objetivos podrían haberse tratado de manera eficiente a través de otros medios (por ejemplo, por comunicación escrita).

Esta simple comunicación hará que los Abogados que vayan a asistir preparen la reunión con más detalle y detenimiento, ordenando las ideas que quieran manifestar y teniendo claros cuáles son sus objetivos. Con ello, se consigue agilizar y dinamizar el desarrollo de la reunión y, probablemente, ajustar la duración de la misma al tiempo que estaba inicialmente pensado.

– TURNO DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Una vez iniciada la reunión, es aconsejable tratar todos y cada uno de los puntos del orden del día de manera ordenada, evitando ‘saltar’ un tema intermedio para después retroceder en el orden del día, pues ello podría derivar en que alguno de los puntos del día quedara sin tratar. De esta manera, queda asegurado que se abordan todos y cada uno de los temas propuestos.

Dado que a lo largo de la reunión intervendrán todos los Abogados asistentes a la misma, es aconsejable que cada uno de ellos anote aquellas dudas o cuestiones que considere necesario aclarar para comentarlas una vez se hayan tratado todos los puntos del orden del día.

En este sentido, siempre debe reservarse un espacio de tiempo al final de la reunión para que, una vez terminadas todas las intervenciones y abordados todos los temas, se puedan tratar aquellas preguntas o aclaraciones que los asistentes a la reunión consideren necesarias, de manera que se resuelvan todos los aspectos controvertidos. Esto redundará en que las decisiones adoptadas se ejecuten mejor a la hora de llevarlas a cabo.

En ocasiones, este turno de preguntas y respuestas se realiza tras tratar cada punto del orden del día, si bien tiene el inconveniente de que muchas de las dudas planteadas podrían haber quedado resueltas conforme avanzaba la reunión. Por ello, es más recomendable reservar el turno de preguntas y respuestas para el final de la reunión.

– EJECUTAR LAS DECISIONES ADOPTADAS

Es evidente que si los Abogados que convienen celebrar una reunión adoptan decisiones importantes en la misma (para los Abogados contratados en el bufete, para los clientes, para la propia firma de cada uno de los Abogados, según en cuál de los tres ámbitos señalados anteriormente nos encontremos), deben llevarse a cabo y hacerse efectivas.

Por ejemplo, si se ha celebrado una reunión entre los gerentes de un despacho de abogados y éstos acuerdan realizar cambios en la organización del trabajo encomendado a los Letrados asalariados sobre los que previamente les habían informado, resulta fundamental que tales cambios se hagan realidad, especialmente si habían aumentado la motivación de los trabajadores; de lo contrario, el resultado será decepción y desmotivación entre los Abogados contratados, lo que, sin duda, es contraproducente para el trabajo.

 

 

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CURIOSIDADES

¿Debería existir formación sobre Oratoria en las Facultades de Derecho?

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La comunicación y la oratoria revisten especial relevancia en el quehacer diario de los Abogados y afectan a todos los operadores jurídicos (Procuradores, Jueces, Magistrados, Letrados de la Administración de Justicia, Cuerpos de Gestión, Tramitación y Auxilio Judicial…). Esta realidad inevitablemente nos lleva a cuestionarnos si los estudiantes de Derecho reciben formación en esta disciplina.

Si ojeamos los Planes de Estudio del Grado en Derecho de distintas Universidades observamos que, en casi ninguno de ellos, existe una asignatura dedicada a esta materia pese a la importancia que tiene en el mundo práctico, en el mundo real en el que se aplica el Derecho; y, en los Planes de Estudio en los que sí encontramos alguna referencia a la comunicación y la oratoria, encontramos que se trata de asignaturas optativas o de asignaturas que dedican una mínima parte de su programa formativo a esta disciplina.

En consecuencia, no existe aún en las Universidades una conciencia de formar a los estudiantes de Derecho en comunicación y oratoria, y de hacerlo, además, con carácter obligatorio (no mediante asignaturas optativas). Este reflejo de los programas de formación en Derecho choca radicalmente con el sentir de la inmensa mayoría de los estudiantes de esta carrera universitaria, muchos de los cuales sienten verdadero miedo escénico o pánico a hablar en público.

Estos sentimientos encontrados entre el miedo escénico y el deseo de dedicarse profesionalmente en un futuro al ejercicio de la Abogacía no obtienen una respuesta satisfactoria por parte de la actual programación del Grado en Derecho, pues el miedo y las inseguridades son habituales cuando nos enfrentamos por primera vez a una sala de vistas, si bien se pueden trabajar y reducir considerablemente recibiendo una adecuada formación.

CONCLUSIONES

El arte de la oratoria y la comunicación se configuran como piezas clave de la labor que desempeñan los Abogados y, por este motivo, resulta conveniente y necesario que la formación en las habilidades comunicativas comience en las aulas, enseñando a superar el miedo escénico y a manejar técnicas de comunicación que se perfeccionen posteriormente mediante el estudio y la asistencia a cursos y seminarios por parte de los interesados.

El uso de una buena técnica argumentativa puede favorecer que un Abogado consiga un resultado favorable para los intereses de su cliente incluso cuando todo parecía perdido; de ahí, la importancia de conocer, mejorar y pulir este mundo tan desconocido para tantos profesionales del Derecho.

No obstante, y orientado sobre todo a aquellos que finalizaron ya su etapa de estudiantes universitarios, la asistencia como meros espectadores a la sala de vistas se convierte en muchas ocasiones en el mejor aprendizaje, ya que permite visualizar no solamente las técnicas empleadas por los Abogados que se encuentran en el estrado, sino también las reacciones que sus discursos provocan en las partes contrarias y en el propio Juez o Magistrado.

Todo Abogado es orador; en cambio, ser buen orador depende única y exclusivamente de cada Abogado, de su voluntad de llegar a serlo y de emplear los medios y recursos necesarios para conseguirlo.

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4 consejos sobre cómo mejorar la oratoria para Abogados

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– Conocimiento del asunto

El Abogado, antes que orador y comunicador, es Abogado, lo que implica que debe dedicar el tiempo necesario a cada asunto para conocer el transcurso de los hechos, los detalles relevantes que puedan servir para diseñar la estrategia de defensa, la documentación que considera necesaria para probar aquellas cuestiones que interesen a su cliente, etc.

En este sentido, una máxima que debe estar siempre presente es que el arte de la comunicación y de la oratoria nunca puede suplir la falta de conocimiento y preparación del asunto por parte del Abogado.

– Argumentación

La comunicación en el ámbito jurídico se caracteriza por la presencia del discurso argumentativo, con el que se pretende convencer o persuadir al Juez para que emita una resolución favorable a los intereses de nuestro cliente.

La argumentación consiste, entonces, en defender una idea mediante argumentos, lo que, traducido a la función del Abogado, consistiría en inducir, probar, refutar o ratificar lo relativo a los derechos e intereses de su cliente, con la finalidad de convencer al Juez.

Por este motivo, es fundamental que el Letrado tenga una buena técnica argumentativa, pues, de lo contrario, no comunicará de manera eficaz el mensaje. Para ello, el Abogado puede valerse de distintos métodos:

  • La demostración (medios de prueba) de conceptos objetivos (hechos) y no de conceptos subjetivos (opiniones), a fin de alcanzar una conclusión que confirme la hipótesis que sostiene el Abogado.
  • La argumentación, interrelacionando causas y consecuencias, lo que, inevitablemente, va a determinar si se ha convencido o no al Juez.
  • La explicación, presente tanto en el momento de la demostración como en el momento de la argumentación, pues en todo momento el Abogado está defendiendo los mismos derechos e intereses de su cliente, de manera que necesita aportar explicaciones que sustenten su discurso argumentativo.

– Comunicación verbal y no verbal

Ambos tipos de comunicación están presentes en el ejercicio diario de la profesión del Abogado:

  • La comunicación verbal es la principal herramienta de trabajo del Abogado (escritos de reclamación extrajudicial, escritos procesales, entrevistas con clientes, comunicaciones con compañeros, actuación en sede judicial, etc.). En este ámbito, juegan un papel fundamental las expresiones empleadas, el volumen, la entonación, el ritmo, la claridad expositiva, la densidad de información y el orden y la estructura de exposición. Al hilo de la comunicación verbal, decía Ángel Osorio y Gallardo, en su libro “El alma de la toga”: “mientras otros tienen como elementos de expresión la aritmética, la química o el dibujo lineal, nosotros usamos la palabra escrita y hablada, es decir, la más noble, la más elevada y artística manifestación del pensamiento, […], la palabra cálida, diáfana, persuasiva, emotiva que ha de determinar la convicción, mover a la piedad, deponer el enojo o incitar a la concordia: la palabra con arte. Si el abogado no es orador y escritor, no es tal abogado”.
  • La comunicación no verbal reviste tanta o más importancia que la comunicación verbal, si bien habitualmente se deja en un segundo plano, lo que puede perjudicarnos sin ser conscientes de ello. En este sentido, es necesario cuidar la vestimenta; la actitud y las formas con la que el Abogado se dirige a los clientes, a los compañeros y a los operadores judiciales (Jueces, Magistrados, Letrados de la Administración de Justicia y demás funcionarios de la Administración de Justicia); la postura que adopta cuando interviene en sala; la gesticulación; el uso de objetos que puedan distraer la atención (como, por ejemplo, un bolígrafo mientras el Abogado está interrogando a un testigo, informando al Juez, etc.).

Para mejorar su comunicación verbal y no verbal, el Abogado puede consultar numerosos estudios y artículos que existen al respecto e incluso acudir a cursos y seminarios de oratoria y comunicación, en los que se pueden aprender técnicas y trucos para conseguir el fin pretendido en cada momento.

– Asistencia a los tribunales

Un Abogado está en continuo aprendizaje a lo largo de su carrera; aprendizaje que puede adquirir no solamente observando la evolución en el tiempo de sus intervenciones en sala, sino también como mero espectador de otros juicios y vistas en los que pueda analizar las técnicas de comunicación de otros compañeros.

Cuando el Abogado ha de intervenir en sala, debe recordar que la asertividad es su mejor aliado para conseguir su propósito, ya que no se trata atacar la postura o los intereses de la parte contraria, sino de hacer valer los derechos e intereses de su propio cliente, pero sin sobrepasarse, ya que una exposición exagerada terminaría produciendo el efecto contrario al que se buscaba.

En cualquier caso, el arte de la comunicación y la oratoria no es algo que únicamente puedan desarrollar aquellos que tienen un don para ello, sino que es algo que se hace, que se mejora y que se perfecciona con el paso del tiempo.

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