CURIOSIDADES
¿Cómo debe cambiar la Formación Jurídica para adaptarse a la era de la IA?
La inteligencia artificial ya forma parte del día a día de despachos y asesorías jurídicas, pero ¿está preparada la universidad para formar a quienes van a trabajar con ella? Sobre ello reflexionó recientemente Pablo Blanco, Director de Asesoría Jurídica y Secretario del Consejo de Repsol, en la jornada Legal InnClass, organizada por Repsol que reunió a estudiantes de derecho y profesores y profesionales de dirección de facultades de derecho para compartir perspectivas sobre los cambios que ya estamos viviendo en nuestro día a día con la inteligencia artificial Recogemos algunas de sus ideas y las preguntas que abren un debate que no ha hecho más que empezar.
La formación jurídica ya cambió una vez
En el último cuarto del siglo XIX, Christopher Columbus Langdell, decano de la Facultad de Derecho de Harvard, consideró que la enseñanza del Derecho era caótica y memorística. Su respuesta transformó la formación jurídica en Estados Unidos:
- El método del caso. Igual que las ciencias naturales deducen sus leyes observando, estudiando sentencias se podían deducir las reglas del Derecho.
- El método socrático. El profesor ya no dicta: plantea un caso y pregunta a los alumnos, que deben razonar, argumentar y defender su postura. El debate sustituye a la lección magistral y desarrolla el razonamiento y el pensamiento crítico.
- Un programa de estudios en tres años, con asignaturas que en buena medida aún persisten.
Las competencias profesionales las empezaron a enseñar los despachos, con Cravath como referente, y ese modelo combinado universidad-despacho se ha mantenido en Estados Unidos durante más de un siglo. En Europa, el proceso de Bolonia introdujo otras ideas: que no todo dependa de un examen final, la evaluación continua y unas prácticas obligatorias que acercan al alumno al ejercicio profesional.
La IA, un nuevo punto de inflexión
La tesis de Pablo Blanco es que la IA da acceso inmediato al conocimiento, y eso supone un cambio profundo en la forma de enseñar y de aprender, comparable al que impulsó Langdell. A su juicio, el cambio debe empezar por el foco: formar abogados, no juristas. El trabajo tradicional del junior (la due diligence, la revisión rutinaria de documentos) tiende a desaparecer, y lo que se le va a pedir desde el primer día es criterio.
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Queda abierta, sin embargo, una cuestión incómoda: si el criterio se adquiría precisamente haciendo ese trabajo rutinario, ¿dónde y cómo se va a formar ahora? ¿Puede la universidad enseñar en las aulas lo que antes se aprendía a base de horas de práctica?
¿Debe estar la IA desde el primer curso?
Algunas universidades plantean reservar la formación en IA para el Máster de Acceso a la Abogacía, con el argumento de que antes el alumno debe desarrollar su propio pensamiento crítico. Pablo Blanco lo considera inaceptable: la profesión ya se ejerce con IA, y no solo para automatizar tareas, sino en el propio razonamiento jurídico. ¿Cómo justificar que un estudiante tenga que esperar cinco años para aprender a usar herramientas que ya se utilizan en cualquier despacho?
El argumento tiene peso, pero admite matices:
- ¿Se puede detectar el error de una IA sin conocer antes los fundamentos? Sin saber Derecho, difícilmente se sabrá cuándo la máquina se equivoca.
- ¿Qué hay que enseñar: herramientas concretas o competencias? Las herramientas cambian cada pocos meses; la capacidad de formular buenas preguntas y verificar resultados permanece.
- ¿Cómo se evita la delegación del pensamiento? El riesgo no es usar la IA, sino aceptar sus respuestas sin cuestionarlas.
La IA como aliada del método socrático
Pablo Blanco propone que la IA refuerce el método del caso y el debate. Puede estar presente en los materiales que prepara el profesor, en la forma de dar la clase y en la evaluación. Algunas ideas concretas:
- Pedir a la IA que genere casos ambiguos que den lugar a debate en el aula.
- Plantear el mismo caso a varias IA y analizar por qué responden de forma distinta.
- Introducir errores deliberados para que los alumnos los detecten.
- Hacer simulaciones de situaciones profesionales.
Su conclusión es que el pensamiento crítico se desarrolla con preguntas. Queda por resolver, eso sí, cómo debe adaptarse la evaluación: si un trabajo escrito puede hacerlo la IA, ¿habrá que volver a los exámenes orales y evaluar el razonamiento más que el resultado?
Arquitectura del Derecho frente a memoria
El tercer cambio afecta al contenido. Para Pablo Blanco, lo importante no es memorizar, sino conocer la arquitectura del Derecho: los grandes principios, las instituciones y las relaciones entre ellos. Por eso considera que las partes generales de las asignaturas son más importantes que las especiales: entender qué es un contrato importa más que memorizar el régimen de cada uno.
A ello añade dos carencias de los planes de estudio actuales: la formación financiera, que es el lenguaje de los negocios y de los clientes, y la metodología profesional. En su equipo trabajan con el método IRAC (Issue, Rule, Application, Conclusion), habitual en los despachos anglosajones, que obliga a descomponer cada problema en preguntas concretas. Lo ilustra con el artículo 1902 del Código Civil: identificar los requisitos de la norma, conectarlos con los hechos del caso y determinar qué hay que probar. La IA puede ayudar en cada uno de esos pasos.
También aquí surge una duda razonable: ¿se puede comprender la arquitectura del Derecho sin cierta base memorística? Quizá la cuestión no sea eliminar la memoria, sino ponerla al servicio de la comprensión.
Un debate abierto
Estas reflexiones ponen sobre la mesa preguntas que universidades, colegios profesionales y despachos no pueden seguir aplazando:
- ¿Cuándo y cómo debe incorporarse la IA a la carrera de Derecho?
- ¿Cómo se forma el criterio profesional si desaparece el trabajo rutinario?
- ¿Qué asignaturas sobran y cuáles faltan en los planes de estudio actuales?
- ¿Qué papel deben tener los despachos en la formación de los futuros abogados?
Como ocurrió con Langdell hace más de un siglo, la enseñanza del Derecho está ante un cambio de modelo. La duda no es si la formación jurídica debe cambiar, sino cómo hacerlo sin perder lo esencial: formar profesionales capaces de pensar por sí mismos.
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