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CURIOSIDADES

Habilidades clave para el futuro profesional: lo que nadie te cuenta al entrar en Derecho

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María Suárez Areal. Estudiante de 6.º de ADE + Derecho en CUNEF

Entrar en la universidad se vive, muchas veces, con expectativas idealizadas. “La mejor etapa de tu vida”, te dicen: libertad, amigos, experiencias únicas. Y puede ser cierto, pero no exactamente de la forma en que lo imaginamos al empezar. La realidad es que muy pocos estudiantes reciben orientación sobre cómo equilibrar la vida social con la formación académica y, al mismo tiempo, empezar a construir un perfil profesional sólido que les permita acceder tanto a estudios de posgrado exigentes como a despachos de prestigio.

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Ojalá alguien me lo hubiera explicado así desde el primer día. Por eso lo comparto ahora. Como alumna de sexto curso de ADE + Derecho, he tenido tiempo de observar cómo funciona realmente la carrera y cuáles son los aprendizajes esenciales que muchos solo descubren cuando ya es tarde.

La inercia en la que tan fácil es caer los primeros años

El primer año suele girar en torno a socializar. Frases como “un 5 son seis créditos” o “esta clase no sirve para nada” fomentan la idea de que la universidad es casi un espacio de ocio. En segundo, los planes, fiestas, viajes y salidas se convierten en rutina. Se estudia solo para aprobar, concentrando todo el esfuerzo en el mes previo a exámenes.

Esta dinámica es peligrosa. Socializar es importante, pero si se convierte en tu única prioridad, puedes pasar dos años sin construir una base académica real. Y te lo adelanto: si te dejas llevar por la inercia, al final te arrepentirás.

Las notas sí importan.

Aunque a veces se repite que “las notas no importan”, en el ámbito jurídico tienen un peso clave. Un buen expediente puede representar entre el 50 % y el 80 % de tus primeras oportunidades: becas, prácticas, másteres y despachos de prestigio. Muchos centros exigen expedientes brillantes como filtro de entrada, y, en la mayoría de los casos el prestigio del centro en el que realices tus estudios de posgrado y las prácticas de master a las que puedas acceder y en las que te suelen contratar después, es directamente proporcional.

Pero más allá de las calificaciones, lo realmente importante es aprender de verdad. Memorizar sin entender o asistir a clase desconectado es perder el tiempo. Lo esencial es razonar jurídicamente, comprender los conceptos y desarrollar criterio propio. Esa base es la que te permitirá, al acabar la carrera, construir una trayectoria profesional sólida. Y solo se consigue con constancia, lectura, preguntas y práctica.

Hay actividades que no conoces y transforman tu perfil.

Participar en moot courts, debates, clínicas jurídicas o concursos de redacción no solo mejora tu formación, sino que desarrolla habilidades clave: oratoria, pensamiento crítico, trabajo en equipo, liderazgo y escritura.

Aquí muchos estudiantes pierden oportunidades. En mi opinión, en España todavía falta una cultura fuerte de actividades extracurriculares como existe en otros países. Estas oportunidades no se presentan solas: hay que buscarlas. Pregunta a alumnos mayores, escribe correos, infórmate en asociaciones y atrévete a probar. A veces, un solo mensaje puede abrir puertas que muchos ni siquiera ven.

Prácticas tempranas: una inversión estratégica

Hacer prácticas antes de cuarto curso es, probablemente, la inversión más rentable de toda la carrera. No solo aprendes contenidos técnicos, sino competencias reales: responsabilidad, gestión del tiempo, comunicación, trato con superiores, autonomía y seguridad en ti mismo.

No es imprescindible empezar en grandes despachos. Departamentos jurídicos internos, asesorías pequeñas, compliance o recursos humanos son entornos igual de valiosos. La experiencia temprana te diferencia, te ayuda a descubrir qué te gusta y qué no, y te prepara para afrontar entrevistas y retos profesionales con mucha más confianza.

Salir de tu zona de confort con al menos una experiencia internacional.

Una estancia internacional no es solo viajar. Supone desarrollar autonomía, resiliencia, madurez, idiomas y una visión más amplia del mundo profesional. Quien regresa de una experiencia así vuelve con otra perspectiva de la carrera y de sí mismo.

Además, es un elemento claramente diferenciador en el currículum. Por eso, mi consejo es elegir el destino de forma estratégica, no solo por comodidad, diversión o número de estudiantes españoles que suelan estudiar en un destino.

Relaciónate también a nivel profesional

La vida social en la universidad no es un lujo: es una inversión. Las relaciones que construyes con compañeros y profesores pueden convertirse en futuros colegas, mentores o incluso socios. Crear vínculos sólidos en esta etapa enriquece tanto tu presente académico como tu futuro profesional. Además, si eres inteligente y seleccionas estas amistades cuidadosamente atendiendo a personas con motivación por la profesión, iniciativa y ganas de aprovechar al máximo estos años, aprenderás el doble.

Empieza hoy a construir tu perfil

Sé especial, crea un perfil además de atractivo, único y real, alineado con tus intereses, gustos y capacidades. Disfrutar de la universidad y construir tu futuro no son objetivos incompatibles. Requiere intención, planificación y voluntad de aprender dentro y fuera del aula. Aprovecha a los profesores, son tu vía de contacto con la realidad jurídica, e incluso puedes encontrar a tu referente a seguir. En muchas ocasiones, no será demasiado tarde cuando te des cuenta de la cantidad de valor que te aporta el que te den clase tanto buenos profesores, como a veces, enormes eminencias del mundo jurídico, así que pregunta, participa, explora y busca prácticas desde temprano.

La versión profesional que quieres ser empieza a construirse desde el primer día.

Si nadie te lo dice, es fácil perder el control del rumbo. Ojalá alguien me lo hubiera explicado en primero. Por eso yo te lo digo ahora.

 

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