Conecta con nosotros

CURIOSIDADES

Cómo ser Abogada, y no morir en el intento

Publicado

en

Dolores Alemany Pozuelo. Socia en BDO Abogados. Vocal de la Sub-comisión de Derecho Mercantil y Concursal del CGAE.

Una de las cosas más importantes en la vida, es tomar decisiones. De las mejores decisiones que he tomado, y desde luego, una de las que ha condicionado toda mi vida, fue dejarme convencer por el test de carreras profesionales que me hicieron en COU. Yo había puesto mi empeño en demostrar que mis capacidades estaban relacionadas con la literatura, el arte y la historia, que a la postre eran mis asignaturas favoritas. Pero cual fue mi sorpresa cuando me comunicaron que el resultado de la prueba era el siguiente: “Campo idóneo: Derecho. Campo próximo, Económicas”.

Así que decidí hacer la carrera de Derecho, y hacerme abogada. Me colegié en 1985 (hace ya 40 años, madre mía como pasa el tiempo…) y empecé en un despacho dedicado al derecho penal, civil y matrimonial. Y allí me lanzaron al ruedo sin más previa enseñanza que la de carrera, que en esos tiempos era 100% teórica. De modo que pasar mi primer juicio de faltas nada más entrar en la firma, sin haber pisado un juzgado, ni haber asistido antes a un juicio, solo con instrucciones verbales, me enseñó en una mañana lo que es la profesión. Mi clienta, había acusado a un vecino de injurias y calumnias, vertidas por la ventana del patio de luces de una comunidad de propietarios, y la sentencia (como no podía ser de otra forma), fue absolutoria por falta de pruebas. 

Por eso, siempre he echado de menos un compañero sabio y experimentado que me hubiera enseñado los rudimentos de la profesión, no solo a pasar un juicio, sino también a respetar a los clientes y a los compañeros, a que tu cliente no es el único que tiene la razón, y que puede que el contrario también la tenga, al menos en parte.

Pero tengo que decir, que esa primera experiencia me hizo darme de bruces con la realidad que significa ser miembro de la abogacía. Una profesión dura, de pelea continua, y para la que hay que tener lo que yo llamo “sangre en las venas”. En realidad, recorriendo los juzgados cada día a preguntar por los asuntos que me encomendaban en el despacho, aprendí esa mezcla que todo abogado debe tener presente: Que nuestra vida, es una vida en la que hay que saber defender intensamente el encargo profesional del cliente, pero también, que siempre hay que intentar llegar a acuerdos con los contrarios, porque es una máxima muy cierta, que más “vale un mal acuerdo que un buen pleito”. 

Únete a la comunidad. Recibe contenido en tu email

Más de 20.000 suscriptores

Por favor, activa JavaScript en tu navegador para completar este formulario.
Paso 1 de 2

Y ello, aunque el acuerdo comporte una inferior contraprestación económica, que nuestro cliente piense que somos blandos, o que no quede del todo contento con el resultado, pero la ética profesional, debe presidir por encima de cualquier otro principio nuestra actividad. Y un cliente al que le has resuelto un problema, aun a través de una transacción, normalmente te será fiel y te recomendará. Pero, aunque no sea así, nuestro trabajo consiste en resolver problemas, y nuestro criterio de cuál puede ser la mejor solución para el cliente, debe siempre prevalecer, guste o no. Esta filosofía te llevará en ocasiones a perder clientes, pero no te preocupes, otros vendrán, y lo más importante, tu fama de honestidad te acompañará siempre.

También hay que aprender a dejar de lado aquellas cosas que no nos gustan, como no me gustó mi primera asistencia al detenido, en la que me tocó asistir a una rueda de reconocimiento de un imputado por una matanza colectiva que hizo temblar a nuestro país en aquellos días complejos. Entonces decidí que lo mío no eran las peleas personales, ni estar en asuntos donde estaba en juego la vida y libertad de las personas, y tomé la decisión de especializarme en asesoría jurídica de empresas.

Esa nueva decisión cambió mi vida por completo. A partir de ese momento y hasta la fecha, me he dedicado a asesorar empresas en asuntos mercantiles, desde que nacen hasta que mueren. También he tratado (y conseguido en muchos casos), salvar empresas de crisis empresariales, lo cual me ha reportado una gran satisfacción, ya que fui testigo de la muerte sin remedio de la empresa de mi padre.

Por tanto, lo importante a lo largo de la carrera como abogada es desarrollar la especialidad que más se acomode a tus vivencias y gustos profesionales, y que en la medida de lo posible puedas combinar con tu vida personal. No importa que empieces haciendo derecho penal si te gusta. Pero si adviertes que no te acaba de llenar, no lo dudes, cambia de especialidad, estudia, fórmate, y saldrás adelante. 

La vida es muy larga y como ya he dicho, la profesión es muy ardua, más si cabe para las mujeres que nos hemos acostumbrado a compatibilizar con mucho trabajo la dirección de los asuntos del hogar – y digo dirección, aunque se positivamente que para muchas mujeres no se trata solo de dirigir, sino también de ejecutar mayoritariamente -. Pero con mucho estudio, y mucho trabajo, es posible hacer compatible la vida profesional y la personal.

Además del estudio y formación continua, hoy en día, con la preeminencia que tienen las redes sociales, es casi imprescindible que compartas las noticias relevantes de tu actividad profesional. Son sin duda una herramienta para darte a conocer, y por tanto te pueden deparar réditos comerciales. Porque la abogacía no es solo estudiar, hacer demandas, asistir a vistas o preparar informes. Todo eso siendo muy importante, no es lo único. 

Es necesario conseguir clientes, por lo que la actividad comercial de la abogacía se ha convertido en un “must”. Esto es lo que más cuesta cuando empiezas a ejercer, pero tiene que ser un claro objetivo a partir del momento en que sientas que estás en tu momento de madurez profesional. Asistir a foros especializados sobre materias de tu interés, escribir artículos científicos o de opinión, impartir clases, unirse a asociaciones, publicar en redes sociales etc.. son herramientas que te ayudan a destacar y a desarrollarte comercialmente, y en definitiva, a ser un profesional conocido, en este maravilloso mundo que es la abogacía.

Artículos relacionados

Últimas entradas

Escribe tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *