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CURIOSIDADES

Grado vs. Máster en Derecho: lo que de verdad cambia

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Inés Espada Sanchis. Legal Tax Junior en Crowe, con Máster en Acceso a la Abogacía y Asesoría Fiscal de Empresas por el Instituto de Empresa (IE), y jurista y politóloga por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

Cuando empezamos la carrera de Derecho, solemos pensar que todos los años van a ser parecidos: estudiar apuntes, leer manuales, preparar exámenes y aprobar asignaturas y una etapa de este proceso lo es, no vamos a engañarnos.

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Si embargo, la diferencia entre grado y máster es abismal. No significa que en el master se dejen de hacer exámenes y tomar apuntes, porque si bien son dos etapas que se complementan para llegar al mismo fin, formar al futuro de la abogacía, el enfoque y la dinámica de trabajo es distinto. 

Si estás estudiando el grado y empiezas a sentir que tanta teoría te abruma, o si estás pensando en hacer un máster, pero temes que no vaya a cambiar mucho la forma de trabajar, no eres el único. Aquí vamos a explicar qué aporta cada etapa y por qué ambas son clave en el camino del jurista, desde la base conceptual hasta la aplicación práctica. Verás que no es un proceso repetitivo, sino progresivo, y que cada fase tiene su propio valor formativo.

 

El grado: aprender la base, comprender las reglas del juego.

El grado es como construir los cimientos de una casa, no podemos empezar por el tejado y sin una base sólida nada tiene sentido, por eso, durante los primeros años el objetivo principal es entender los fundamentos del Derecho, conocer las ramas principales y aprender a manejarse con leyes, doctrina y conceptos jurídicos.

 

¿Cómo se estudia en el grado?

El ritmo suele ser calmado y académico: clases teóricas, apuntes, lecturas, resúmenes y algún comentario de texto. No es el momento de lanzarse a resolver casos como si estuvieras en un despacho, sino de aprender a conocer el Derecho desde dentro y acostumbrarte poco a poco a su forma de pensar y de razonar.

  • Enfoque muy teórico: la mayor parte de la formación se basa en estudiar doctrina, leyes y estructura normativa.
  • Menos práctica real: aunque hay prácticas o seminarios, su peso suele ser inferior.
  • Predominio de exámenes: el sistema de evaluación se basa en pruebas teóricas, normalmente escritas, con un fuerte componente de memorización.
  • Pocos trabajos aplicados: se realizan comentarios de texto o análisis de sentencias, pero rara vez se enfrenta al estudiante a casos reales complejos.
  • Menor contacto con el ejercicio profesional: el grado ofrece una visión académica del Derecho, más que una aproximación al trabajo de un abogado en la vida real.

Esto no es un error del sistema, sino una necesidad: no puedes resolver un conflicto jurídico real si antes no entiendes sus principios básicos. El grado te enseña el lenguaje, los conceptos y la lógica del Derecho. Es más técnico, más abstracto, y exige tiempo para asimilar la información.

 

El máster: aprender Derecho es una cosa, aplicarlo es otra… y aquí empieza lo bueno

Cuando terminas el grado, probablemente ya sabes mucho… pero aún no sabes trabajar como abogado. Ese es el salto que da el máster. Su objetivo es transformar el conocimiento teórico en capacidad profesional.

 

¿Qué caracteriza la enseñanza del máster?

Aquí cambia todo, el ritmo, los ejercicios, la metodología y hasta el tipo de aprendizaje. 

  • Mayor orientación práctica: los contenidos se aplican a casos reales o simulados.
  • Menos memorización, más análisis: el esfuerzo se centra en interpretar, argumentar y resolver, no en recordar datos.
  • Método del caso: cada vez se utiliza más esta metodología, heredada de las escuelas de negocio.
  • Evaluaciones basadas en trabajos, informes o resolución de casos: los exámenes tradicionales pierden protagonismo.
  • Debate y contraste de ideas: los estudiantes aprenden a justificar su razonamiento jurídico, defenderlo y debatirlo con sus compañeros.
  • Visión profesional del Derecho: se trabaja con situaciones que un abogado puede encontrar en su día a día: contratos, conflictos entre partes, estrategias jurídicas, experiencias en despachos, etc.

 

El grado te forma, el máster te transforma

La formación jurídica es un proceso progresivo en el que cada etapa cumple una función distinta y complementaria. El grado proporciona la base intelectual y conceptual que permite comprender el Derecho desde sus fundamentos: las estructuras normativas, los principios jurídicos, la lógica del ordenamiento y el lenguaje técnico que define la profesión.

Por otro lado, el máster representa el momento en el que toda esa teoría cobra sentido práctico. Aquí el estudiante se enfrenta a problemas reales o muy similares a los de un despacho, aprende a investigar, redactar propuestas jurídicas, analizar alternativas y debatir con criterio profesional. 

Las dos etapas no compiten entre sí, sino que se necesitan mutuamente. No tendría sentido intentar aplicar el Derecho sin comprender primero sus principios; como tampoco es suficiente conocer su estructura sin aprender a utilizarla con eficacia en escenarios reales. Grado y máster forman un itinerario completo: primero comprender, después aplicar. Primero teoría, luego práctica. Primero formarte como jurista, después ejercer como tal.

Y si estás ahora mismo en el grado, quizá te parezca que todo es muy teórico, que memorizar artículos no te prepara para la vida profesional o que todavía no ves la utilidad real de tanto contenido. Pero créeme, si te digo que estás construyendo la base que un día te permitirá analizar con seguridad cualquier problema jurídico, tomar decisiones complejas y defender argumentos sólidos ante otros profesionales. Y si ya te acercas al máster, lo que antes era estudio ahora se convertirá en análisis, debate, investigación y estrategia. Aprenderás a vivir el Derecho, no solo a estudiarlo. Cambiará tu mentalidad, tu lenguaje, tu forma de razonar y tu visión del papel del jurista en la sociedad.

Porque al final, el Derecho no es solo un conjunto de leyes, es la herramienta con la que resolvemos conflictos, protegemos derechos, creamos acuerdos y hacemos posible que la convivencia funcione. Y tú estás recorriendo el camino para formar parte de ese mundo. Primero asientas el conocimiento, después lo pones en marcha. Cuando conectes ambas etapas, descubrirás que el Derecho, más que estudiarse, se practica, se debate y se vive.

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