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CURIOSIDADES

Las habilidades que marcan la diferencia en Derecho

Publicado

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María M. Pardo de Vera. Socia Digital y Compliance CECA MAGÁN Abogados. 

Una carta abierta a quienes empezáis a ejercer

Tras más de dos décadas dedicada al Derecho, entre privacidad, gobierno corporativo, cumplimiento normativo y, más recientemente, la integración de la inteligencia artificial en la práctica jurídica, he llegado a una conclusión que me habría ahorrado muchos tropiezos de joven: el conocimiento técnico es necesario, pero por sí solo nunca es suficiente. Lo que de verdad distingue a un buen jurista no sólo se aprende en los libros ni en las oposiciones, sino en el trato con las personas, con los clientes y con uno mismo.

Os escribo esto porque cuando yo empezaba nadie me lo dijo. Y porque hoy, con la irrupción de la IA, estas habilidades pesan todavía más: la técnica se automatiza; el criterio, la mirada y la confianza, no.

  • Comunicación y escucha activa

Saber Derecho y saber explicarlo, a veces, no es lo mismo. Un informe impecable puede resultar inútil si quien lo recibe no lo entiende. Adaptad el mensaje al interlocutor, no habláis igual a un cliente que a un regulador, por ejemplo, que a un consejo de administración. Lo que en un comité de auditoría exige tres páginas, en un correo a un director comercial cabe en cinco líneas. Ese ejercicio de traducción es, en sí mismo, una disciplina.

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Y, sobre todo, escuchad. El cliente rara vez os dice lo que necesita; os cuenta lo que le preocupa. Vuestro trabajo es “interpretarlo”. Aquí la IA ayuda mucho: herramientas de síntesis permiten resumir actas, contratos extensos o expedientes regulatorios en minutos, y llegar a la reunión con preguntas mejores, no con la cabeza llena de ruido. Pero recordadlo: la IA prepara el terreno, no sustituye la conversación.

Escucha primero, opina después. 

 

  • Empatía y relación con el cliente

La confianza es la verdadera moneda de esta profesión. Y la confianza nace de la empatía, de ponerse en el lugar del cliente, de entender su negocio, sus miedos, sus prioridades. Como me dijeron una vez, un buen jurista no asesora desde la torre del despacho, sino desde la silla del cliente. Por eso, cuando tengas la próxima reunión no hables de ti, habla de cómo puedes ayudar a tu cliente. 

 

  • Visión de negocio

Un jurista debe entender el sector del cliente, su modelo de ingresos, su cadena de valor y la regulación aplicable. Sin esa mirada, las soluciones son técnicamente correctas pero pueden ser comercialmente inservibles.

Trabajamos con riesgos, sé creativo, busca soluciones que ofrezcan una seguridad jurídica razonable para que el cliente pueda seguir haciendo lo que hace. Si impones tu criterio sin proporcionalidad, quizás ese cliente tenga que dejar de hacer lo que hace y eso implica cerrar. Seguridad si, negocio también. 

 

  • Adaptabilidad y aprendizaje continuo

El Derecho cambia. La tecnología cambia. Los clientes cambian. Y nosotros también. Quien se aferra a lo aprendido, envejece profesionalmente muy rápido. La IA es el ejemplo más evidente de nuestra década: podéis temerla o podéis aprender a usarla, pero no podéis ignorarla. Quien la integre con criterio en su práctica diaria tendrá una ventaja competitiva enorme; quien la rechace por miedo o por orgullo, se quedará fuera del mercado en pocos años.

Mi consejo es práctico. Adoptad estos hábitos cuanto antes y nunca dejéis de formaros. 

Por último, si pudiera escribir una carta a mi yo de veinticinco años, le diría esto: invierte en estas habilidades desde el primer día, con la misma disciplina con la que estudiaste la carrera. No esperes a que la experiencia te las enseñe a golpes, porque cuando lo hace, ya has perdido clientes, oportunidades y, a veces, la ilusión.

Bienvenidos a la profesión más exigente y más bonita que conozco. Trabajad la técnica, sí, pero trabajad también la mirada, la palabra y el silencio. Ahí está la diferencia. Os va a encantar.

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