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¿Qué certificaciones de Inglés jurídico valoran los despachos?

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En un mundo cada día más globalizado, el derecho trasciende fronteras. Aunque cada país tiene su sistema legal, el inglés se ha consolidado como lingua franca en negociaciones internacionales, arbitrajes, tratados y organismos como la Corte Penal Internacional o la ONU. Incluso en España, donde el derecho civil es autónomo, casos como fusiones multinacionales, disputas comerciales transfronterizas o consultas a jurisprudencia extranjera exigen dominio del inglés. Ha dejado de ser solo un «plus» para convertirse en una competencia profesional crítica.

Inglés genérico vs inglés jurídico

Un nivel intermedio (B1/B2) puede ser suficiente para situaciones cotidianas, como leer artículos, mantener conversaciones cotidianas o comprender fuentes de manera general. Sin embargo, en la práctica las carencias se hacen evidentes:

  • Riesgo de malentendidos: términos como “party” no significa “fiesta”, sino que parte en un litigio o contrato.
  • Dificultad para redactar: redactar en otro idioma, sobre todo textos jurídicos no consisten en pensar en español y traducir, sino que es necesario conocer y asimilar las normas y estructuras propias del lenguaje.
  • La falta de precisión y dominio del lenguaje se traslada inevitablemente en un detrimento a la persuasión ante clientes extranjero o tribunales angloparlantes.

La importancia de esta especialización queda patente en los planes de estudio de grados en filología inglesa o traducción, en los que se incluyen asignaturas específicas optativas para familiarizar a los alumnos con el vocabulario y los conceptos jurídicos necesarios para la traducción de textos legales.

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Certificaciones en España: ¿Cuáles valoran los despachos?

En España, además de los títulos genéricos (Cambridge C1/C2, IELTS, TOEFL), destacan:

TOLES (Test of Legal English Skills): es un certificado especializado en inglés jurídico. Se trata de un examen internacional diseñado para abogados y traductores legales se mantiene como el único examen especializado en Derecho. Consta de tres niveles (Foundation, Higher, Advanced) para medir vocabulario y comprensión legal específica, aunque no evalúa speaking ni listening.

Cambridge Advanced/Proficiency (C1/C2): ambos títulos son altamente valorados por firmas tanto nacionales como internacionales. El C1 Advanced (CAE) es un certificado de alto nivel que acredita las habilidades lingüísticas que los empleadores suelen demandar. Por su parte, el C2 Proficiency (CPE) representa la calificación máxima, demostrando dominio excepcional del idioma, equivalente al de un nativo. En la práctica, contar con un de los dos constituye una credencial sólida en el ámbito del derecho corporativo.

El IELTS y el TOEFL son pruebas generales de inglés ampliamente aceptadas desarrollada por varias instituciones como Cambridge y British Council. Una puntuación de 7–8 en IELTS o de 95–100 en TOEFL equivale a un nivel C1. Aunque no son específicas del ámbito jurídico, muchas firmas internacionales las aceptan como prueba de nivel avanzado para puestos corporativos o procesos de movilidad.

Otros cursos y másteres universitarios: existen programas académicos en Legal English (p. ej. cursos en másteres de derecho o diplomas de Colegios de Abogados). Aunque menos frecuentes que los exámenes oficiales, pueden complementar el CV de abogados interesados en derecho comparado o prácticas internacionales.

Las grandes firmas internacionales exigen niveles C1/C2, certificados por las pruebas CAE, CPE, IELTS o TOEFL. Las firmas nacionales de gran tamaño también suelen pedir C1, especialmente para abogados junior y senior. En boutiques especializadas (M&A, arbitraje, etc.), se admite habitualmente un nivel B2–C1. Los despachos pequeños o perfiles internos suelen conformarse con B2, el mínimo exigido legalmente para ejercer. De hecho, la legislación española y muchas universidades exigen para el más de acceso a la abogacía al menos B2.

Recomendación: Prioriza TOLES si buscas trabajar en despachos internacionales o áreas concretas como corporate law.

Consejos Prácticos: Domina el inglés jurídico paso a paso

Actualmente, numerosas universidades y entidades privadas ofrecen cursos especializados de inglés jurídico. Sin embargo, si se desea avanzar en su dominio de forma más autónoma pero igualmente efectiva, es perfectamente posible, siempre que se establezca un plan de estudio adecuado y constante.

La exposición diaria a contenidos jurídicos en inglés también resulta esencial; por ejemplo, la lectura de periódicos como la sección de Derecho de The Guardian o el seguimiento de cuentas de X (antes Twitter) dedicadas a temas legales te permitirá familiarizarte con el lenguaje actual y mantenerte al día de las novedades del sector.

Asimismo, el uso de aplicaciones como Quizlet permite reforzar el aprendizaje mediante tarjetas de términos legales, una herramienta útil y dinámica para ampliar vocabulario.

Por último, ver series de televisión ambientadas en despachos de abogados, como Suits, ayuda no a interiorizar expresiones idiomáticas y tecnicismos. Además, permite comprender el contexto cultural en el que se desarrolla el ejercicio del Derecho en países anglosajones.

El dominio del inglés jurídico exige actualización constante. Para un jurista, invertir en esta habilidad significa poder acceder a las oportunidades que ofrecen firmas internacionales, liderar equipos multiculturales y aunque desees hacer carrera en espala, te permite destacar en un mercado cada vez competitivo. Si tu carrera no tiene fronteras; tu inglés tampoco debería tenerlas.

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