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CURIOSIDADES

Caminando hacia la toga: del código penal al estrado

Publicado

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Lidia Salmoral, Abogada Junior, con casi tres años de experiencia

El camino hacia poder ponerse una toga y sentarse en el estrado no lo suelen explicar, por eso este artículo llega para contarte, desde los ojos de alguien que ha experimentado todo ese proceso, qué es lo que verdaderamente te vas a encontrar.

Cogiendo el primer Código Penal

Se transita durante un largo tiempo desde la posición de estudiante en una mesa ante un profesor hablando de numerosos artículos, tomando apuntes, creyendo comprenderlo todo y presuponiendo que en el momento en el que finalice el grado en Derecho, el máster y la colegiación, a tener plenamente la condición de letrada/o de verdad.

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Y puede que incluso, desde el desconocimiento y el atrevimiento, se considere que se cuenta con la suficiente preparación para poder iniciar una andadura profesional en este mundo con despacho propio.

De jurista a letrada/o

Pero no, esa no es la realidad, esta se impone en el momento en que se accede por primera vez a una sala, se comparece ante un juez o magistrado, el Ministerio Fiscal y la parte contraria, sabiendo que gran parte de lo que pase será tu responsabilidad, y es entonces cuando se puede afirmar que se es verdaderamente un profesional del Derecho.

La formación que te proporciona la universidad es teórica casi en su totalidad, una vez adquieres el título del Grado en Derecho eres jurista, no letrada/o.

Este término ha de tenerse muy en cuenta, puesto que, además de que nuestro sistema nos exige obtener el Máster de Acceso a la Abogacía y Práctica Jurídica así como obtener el tan ansiado “apto” en el Examen de Acceso a la Abogacía, no es hasta el instante en que se presenta ante ti:

La primera entrevista de trabajo

El primer cliente, con sus problemas reales

Un expediente encima de la mesa en el que se encuentran unos documentos con una jerga a la que has de acostumbrarte

La exigencia de una buena organización

Y el cumplimiento de unos plazos

Con todo lo que ello implica, el nerviosismo, el llamado “síndrome del Impostor” y la incertidumbre inicial, es en ese momento en el que verdaderamente se comienza a vislumbrar plenamente lo que es el ejercicio real del Derecho.

La verdad detrás de lo que ocurre en la realidad cuando te sientas en uno de los lados del estrado

En un principio todo parece muy sencillo, sobre todo cuando ya perteneces a uno de los tantos Ilustrísimos Colegios de la Abogacía de España y se jura la Constitución Española, ya que se tiende a pensar que se ha alcanzado la condición de abogado/a, y si, legalmente se tiene.

No obstante, al inicio, la mente alberga principalmente mucha información y entusiasmo, pero ningún leve acercamiento con la realidad que hay detrás de todo lo que se ha aprendido.

De hecho, existe el imperioso deseo de actuar con la máxima profesionalidad y eficacia, pero es necesario aprender que no siempre se obtiene el resultado esperado, que hay situaciones que pueden considerarse fracasos, aunque en realidad no son más que aprendizajes y oportunidades de desarrollo profesional que ayudarán a llegar impulsar y alcanzar el crecimiento y el éxito en la abogacía.

Finalmente, llega un momento crucial en el que es vital no caer en pensamientos intrusivos, ya que este trabajo requiere de mucha fuerza mental y de la supervisión y apoyo de letrados veteranos.

No obstante la realidad es más compleja en ciertas ocasiones y en ámbitos como el penal, concretamente, ya que se presentan personas que pueden ser tanto presuntos delincuentes como presuntas víctimas, ambas partes igualmente merecedoras de la misma defensa.

Es por ello, por lo que es imprescindible dejar a un lado cualquier tipo de prejuicio, dado que la función de los abogados es defender la ley, ley creada por el Legislador, la cual se encargará de juzgar y hacerla ejecutar el Juez o Tribunal competente en cada caso.

Este último paso es el que refleja el momento tan esperado en el que eres esa/e letrada/o, que está frente al estrado, solicitándole a su Ilustrísima Señoría permiso para poder ocupar el lugar correspondiente a la parte que se representa.

Todo ello sabiendo la magnitud de la responsabilidad que se tiene, no solo en ese mismo momento, si no a lo largo de todo el procedimiento, desde el primer momento en el que se sentó el cliente al otro lado de la mesa; y por supuesto, sin que se aprecie la importancia y el compromiso de representar a la persona que un día decidió confiar en ti.

Conclusión

Un verdadero/a letrado/a debe tener siempre presente estos tres principios:

• La humildad

• La deontología

• Y el constante aprendizaje

En definitiva, el ejercicio profesional de la abogacía conlleva un arduo camino, pero no por ello menos apasionante y gratificante.

Toda esta travesía, desde sostener en tus manos el primer Código Penal hasta sentarte en el estrado con una toga sobre los hombros, no es más que la representación de un recorrido lleno de esfuerzo a lo largo de años y muchas horas de trabajo.

Siendo la toga siempre símbolo de respeto y orgullo.

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