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CURIOSIDADES

Entre la razón y el corazón: una manera de entender la abogacía

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Cuando empecé en el mundo jurídico creía que el Derecho iba a ser, sobre todo, una cuestión de códigos, argumentos impecables y grandes casos. Con el tiempo descubrí que, en realidad, la abogacía es una profesión radicalmente humana: trabajamos con biografías, miedos, decisiones límite y segundas oportunidades. Si hoy tuviera que hablarle a alguien que empieza, le diría que la excelencia técnica es irrenunciable, pero que solo cobra sentido cuando se sostiene sobre valores sólidos y sobre una formación integral como persona y como profesional.

Lo que me hubiera gustado saber al empezar

La carrera nunca es lineal y que cambiar de trayectoria no es un fracaso, sino una forma de crecer. Yo «iba para psicóloga» y ejercí como tal en un hospital público con población infantil y juvenil antes de dedicarme plenamente al Derecho. Durante años pensé que algún día tendría que “elegir” entre ambas vocaciones. Hoy sé que esa tensión aparente se ha convertido en uno de mis mayores activos: ver al cliente, al acusado o al directivo también desde la mirada clínica, entender sus dinámicas psicológicas y acompañarle con una mezcla de racionalidad y empatía.

Mis padres me enseñaron desde muy pronto, con su propio ejemplo, el valor del estudio, la constancia y la disciplina. Recuerdo especialmente ver a mi padre estudiar todos los fines de semana: esa imagen me acompañó siempre y me hizo entender que el esfuerzo sostenido no es un gesto excepcional, sino una forma de estar en la vida. Ese aprendizaje, junto con el apoyo incondicional de mi familia, ha sido decisivo en mi recorrido académico y profesional.

La excelencia académica no es una fase de la vida, sino una manera de estar en la profesión. Investigar, escribir artículos en materias como Derecho penal económico, sanciones internacionales o compliance, y mantener el vínculo con la Universidad como no es algo «añadido» al ejercicio profesional: es la base que me permite sostener decisiones difíciles con rigor y serenidad. El doctorado, que culminé cum laude el año pasado, fue además un recorrido de cinco años de estudio intenso, disciplina y sacrificio, y no habría sido posible sin el apoyo de mi familia. Ese camino me confirmó algo esencial: nada te lo regalan y todo hay que ganárselo. Puede haber golpes de suerte, sin duda, pero la suerte solo se convierte en una verdadera oportunidad cuando se encuentra con la preparación, la constancia y la excelencia.

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La importancia de elegir bien las batallas

Uno de los grandes aprendizajes de estos años ha sido aprender a priorizar, no solo en el plano profesional, sino también en el personal. Hay momentos en los que el trabajo exige una dedicación absoluta y otros en los que es imprescindible proteger el espacio propio y el de los tuyos. Encontrar ese equilibrio no es sencillo, pero es clave para sostener una carrera a largo plazo.

En el ejercicio profesional, todos los asuntos son importantes y todos los clientes merecen el mismo nivel de rigor, compromiso y dedicación. Sin embargo, la práctica te enseña a distinguir entre lo urgente y lo importante. Lo urgente suele gritar; lo importante, en cambio, susurra y exige reflexión. Lo urgente son los plazos, la presión mediática o la inmediatez procesal. Lo importante es la estrategia, la protección efectiva del cliente, la construcción de un relato coherente y el respeto escrupuloso a los principios del Estado de Derecho. Aprender a escuchar ese «susurro» es una habilidad que se entrena con los años, pero que conviene cultivar desde el inicio.

Psicología y Derecho: dos lenguajes para una misma realidad

Mi formación en Psicología ha sido decisiva en mi carrera jurídica. Me dio herramientas para comprender el sufrimiento, la culpa, la agresividad, la negación o el miedo, que son presencias constantes en el Derecho penal y en muchos contextos de cumplimiento normativo. Trabajé con pacientes jóvenes, aprendí a escuchar el silencio y a atender no solo a lo que se dice, sino a cómo se dice.

Hoy, cuando asumo defensas en delitos contra las personas o acompaño a directivos y empresas en investigaciones internas y programas de compliance, esa mirada psicológica me ayuda a leer mejor los conflictos, a detectar resistencias y a construir soluciones más realistas y humanas. Considero que la Psicología es una de las formaciones más útiles que existen, no solo por lo que aporta a la práctica profesional, sino porque obliga a mirarse a uno mismo con honestidad, a revisar los propios sesgos y a entender que en todo conflicto legal hay también una dimensión emocional.

Valores: el verdadero “compliance” personal

Hoy hablamos mucho de compliance, de programas de prevención de delitos, de códigos éticos y canales de denuncia. Me dedico profesionalmente a diseñar, implementar y revisar esos sistemas en empresas de muy distinto perfil, tanto en España como en contextos internacionales y en materia de sanciones. Pero estoy convencida de que el primer programa de cumplimiento que debemos cuidar es el nuestro, el personal.

Ese «compliance interno» se concreta en decisiones aparentemente pequeñas: qué asuntos aceptamos, cómo tratamos a los equipos, cómo hablamos de los clientes cuando no están delante, qué hacemos cuando nadie nos ve. Las cosas hechas con plena racionalidad y gran corazón son más sólidas. Las normas son imprescindibles, pero los valores son los que nos sostienen cuando las normas no bastan para resolver una encrucijada ética.

El valor de los equipos y de la docencia

Otra lección vital ha sido comprender que nadie construye una carrera jurídica relevante en soledad. En Lupicinio trabajamos con un modelo de clúster, formando equipos eficientes que integran expertise interna y externa según cada asunto. El team building y el team management no son eslóganes: son una forma concreta de organizar el trabajo, de escuchar a los más jóvenes, de dar responsabilidad y de crear entornos donde se pueda aprender de los errores.

La docencia y la participación en foros de formación —Universidad Complutense, Universidad Villanueva, Centro de Estudios Garrigues, institutos de cumplimiento, cursos sobre sanciones internacionales y programas de compliance— han sido también un motor permanente. Enseñar obliga a ordenar las ideas, a cuestionar lo que dabas por supuesto y a cultivar una humildad intelectual que resulta saludable en un entorno tan competitivo como el jurídico.

Consejos para quien empieza hoy

  • Cuida tu formación técnica, pero no sacrifiques tu curiosidad intelectual.
  • No te avergüences de tener intereses aparentemente “lejanos” al Derecho: quizá ahí esté tu mayor valor diferencial.
  • Aprende a priorizar: no todo merece tu tiempo, pero lo que lo merece, merece tu máximo esfuerzo.
  • Ten presente que nada importante se regala: casi todo lo valioso exige estudio, disciplina, paciencia y sacrificio.
  • Aprovecha los golpes de suerte cuando lleguen, pero recuerda que la suerte solo da fruto de verdad cuando se combina con la excelencia.
  • Rodéate de buenos equipos y de buenos mentores, y procura ser tú también una buena compañía profesional para otros.
  • No pierdas de vista que las personas están siempre en el centro, incluso cuando trabajes con grandes corporaciones, sanciones internacionales o macroprocesos mediáticos.

El Derecho es una profesión exigente, a veces ingrata, pero también es un lugar privilegiado para servir a la sociedad si se ejerce con rigor, sensibilidad y sentido ético. Mantener viva esa combinación de excelencia técnica y valores humanos es, para mí, la verdadera medida del éxito profesional.

Fátima Rodríguez González-Chaves, Socia en Lupicinio International Law

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