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CURIOSIDADES

Ejercer desde el humor

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Eusebio Garrido, abogado ejerciente desde 1999, en el ICAM, y socio del despacho profesional Actúa Abogados, SCP. Es creador del canal de Instagram eusebio_garrido

La abogacía es una profesión dura. Durísima. Cualquiera que la haya ejercido, aunque sea en pequeñas dosis, lo sabe.

Los abogados somos testigos casi directos de actos horrendos, de injusticias grandes y pequeñas, de abusos de todo tipo.  Caminamos junto al cliente en uno de los trances más complicados, y a menudo amargos, de su vida. Esa presión, que el cliente nos traslada aun sin quererlo -y en ocasiones queriéndolo- pesa a ratos más que la propia toga.

Todos esos factores, que nos acompañan a casa más veces de las que quisiéramos, unidos a los constantes cambios y vaivenes normativos, de naturaleza sustantiva o procesal, los plazos, las dilaciones y las tensiones propias del oficio, convierten la abogacía en una profesión compleja que alcanza elevadas cotas de problemas relacionados con la salud mental. Las cifras están ahí.

Por ello deviene fundamental en estos tiempos el afrontar nuestro oficio con el máximo sentido del humor posible. Aplicándolo a clientes y compañeros.  Y cuando digo compañeros me quiero referir a todos los operadores jurídicos con los que nos cruzamos a diario en nuestros tribunales de justicia: jueces, fiscales, tramitadores, procuradores, etc.

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La figura del abogado se ha asociado desde siempre a un exceso de solemnidad y seriedad, que se traslada sin solución de continuidad a salas de vistas y oficinas judiciales.  Como si el hecho de afrontar con cierto sentido del humor el día a día menoscabara tu imagen y prestigio profesional. No deja de sorprenderme la cantidad de compañeros y amigos que a diario me preguntan si mi labor en Instagram me resta credibilidad con los clientes.  

Y sin embargo, según mi propia experiencia, no existe modo más sencillo y directo de conectar con clientes y compañeros que a través del humor. El sentido del humor es una poderosa arma que denota inteligencia, sensibilidad y agudeza, factores que el cliente puede ponderar con mejor criterio que el grado de conocimiento que podamos  tener o no de una determinada materia. 

Siempre he considerado que es mucho más fácil negociar con el contrario desde el humor y la simpatía que desde la tirantez y la agresividad. Esa agresividad obedece en muchas de las ocasiones a que el abogado hace suyos los problemas del cliente, afrontándolos desde una perspectiva casi personal. No existe a mi juicio mayor error dentro de esta profesión, pues no solo se pierde la necesaria distancia y objetividad que el profesional del Derecho ha de tener respecto al asunto, sino que se añade un exceso de presión completamente innecesario. No en pocas ocasiones me he topado con compañeros que ni siquiera trasladaban determinadas propuestas de acuerdo a sus clientes, anunciándome la negativa acto seguido de formularles la propuesta, erigiéndose de ese modo en defensores y a la vez partes. No debemos olvidar que el abogado es parte de la solución, nunca del problema.

Y acabo esta pequeña reflexión compartiendo con vosotros el deseo de que entre todos consigamos desterrar poco a poco la imagen del abogado estirado y encorsetado, sustituyéndola por una más simpática, cercana y flexible.

Se trata, en definitiva, de no tomarnos demasiado en serio y de intentar desdramatizar, en la medida de lo posible, una profesión ya de por sí complicada. Se puede ejercer con la mayor de las convicciones desde la amabilidad, la sonrisa cómplice, y por qué no, la risa. Esa actitud no está reñida con un ejercicio responsable, profesional y cuidadoso de nuestras obligaciones.

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