CURIOSIDADES
El contrato invisible de la abogacía
Cuando sales de la universidad crees que el Derecho consiste en conocer la normativa, buscar jurisprudencia y saber trasladar al papel tus argumentos con cierta solvencia.
Luego comienzas el ejercicio profesional y descubres que, en realidad, acabas de firmar un contrato del que nadie te había hablado.
No tiene encabezamiento, ni exponendos, ni fecha. No lo has negociado, no te han explicado sus cláusulas esenciales y, desde luego, nadie te ha advertido de la letra pequeña. Pero existe.
Es el contrato invisible que firmas con esta profesión el día en que empiezas a ejercer.
Únete a la comunidad. Recibe contenido en tu email
Más de 20.000 suscriptores
En una de sus primeras cláusulas dice que vas a tener que estudiar siempre, incluso cuando creas que ya sabes de una materia, porque justo entonces se publicará una reforma legislativa —de esas que aparecen discretamente en una disposición final— que afectará directamente a tu asunto.
En otra cláusula se advierte que no todos los casos tendrán una respuesta ordenada y jurídicamente perfecta. Algunos exigirán técnica. Otros, prudencia. Otros, imaginación. Y otros una forma bastante sofisticada de ingeniería jurídica para encontrar una solución medianamente solvente sin vender al cliente una seguridad que no existe.
También hay una cláusula, escrita en letra muy pequeña, que dice que muchas veces el cliente no querrá una explicación larga, sino una respuesta clara y concisa. El problema es que esa respuesta clara y concisa, en ocasiones, sencillamente no existe. Existe un escenario probable, un riesgo asumible, una estrategia menos mala que otra o una recomendación razonable.
El cliente, en el fondo, no siempre necesita una tesis jurídica. Necesita que alguien le ordene el problema. Que le diga qué es relevante y qué no. Qué camino tiene sentido y cuál solo sirve para gastar tiempo, dinero y energía. Necesita que alguien traduzca el caos en opciones.
Y en otra cláusula, quizá la más importante de todas, se establece que tu criterio será tu principal activo.
Nadie te explica al principio la letra pequeña de ese contrato.
No te dicen que “depende” no es una evasiva, sino muchas veces la respuesta jurídicamente más honrada.
Tampoco te explican que “lo miro y te digo” puede ser bastante más profesional que improvisar una genialidad suicida solo para parecer seguro.
Ni que tener razón moral no siempre significa tener razón jurídica. Mucho menos que tener razón jurídica no siempre significa tener razón procesal, que a veces ya es casi otra disciplina.
Con los años, hay algunas frases que una acaba pensando que deberían figurar como condiciones generales de cualquier despacho. No tener razón probada se parece peligrosamente a no tener razón. Un escrito no es mejor por ser más largo, sino por llevar al lector exactamente donde tiene que llegar. Cuando alguien dice “esto es muy sencillo”, conviene empezar a preocuparse.
No desesperéis. Al principio uno quiere hacerlo todo perfecto. Contestar rápido. Aparentar seguridad. Aceptar todos los asuntos. No incomodar al cliente. Es una fase muy humana, pero también bastante peligrosa.
Porque en Derecho, como en casi todo, la madurez profesional empieza el día en que entiendes que no todo “sí” es buen servicio.
A veces el mejor asesoramiento empieza con un “no te recomiendo hacer eso”, aunque pueda suponer que el cliente busque a otro profesional que le dé la razón sin tenerla.
O con un “ese pleito puede ganarse, pero quizá no compensa”, aunque ello suponga una merma en tus ingresos del año.
O incluso con un “esto no es mi especialidad, vamos a buscar a quien lo haga mejor”, porque, seamos realistas, nadie es maestro de todo.
Así es: la cláusula invisible más importante y más difícil de cumplir quizá sea esta: tu obligación no es decir siempre que sí; es ser útil, leal y honesto.
Y ser útil, en esta profesión, no siempre significa hacer más. A veces significa frenar. Priorizar. Preguntar. Traducir. Decir que no. O recordar que una estrategia jurídicamente posible no siempre es una buena estrategia.
Con los años aprendes también que el contrato invisible con la profesión se va modificando por anexos.
El primer anexo llega cuando entiendes que el cliente no siempre sabe formular lo que necesita. Pide una demanda, pero quizá necesita una negociación. Pide una respuesta inmediata, pero quizá necesita una estrategia. Pide “ganar”, pero quizá lo más inteligente es un “mal acuerdo”.
El segundo anexo aparece cuando descubres que la urgencia es una categoría muy elástica. Hay urgencias reales, urgencias heredadas, urgencias mal organizadas y urgencias que nacen exactamente un viernes a las 14:57 con un correo titulado, por supuesto, “URGENTE” pero que pueden esperar al lunes.
El tercer anexo lo firmas cuando aceptas que no puedes ejercer bien sin límites. Límites de tiempo, de disponibilidad, de especialidad, de criterio y también de expectativas. Porque un abogado agotado, desbordado o permanentemente complaciente no necesariamente presta mejor servicio.
Y el cuarto anexo, quizá el más valioso, llega cuando comprendes que la confianza del cliente no se gana diciendo siempre lo que quiere oír. Se gana diciendo la verdad de una forma útil, clara y honesta. Incluso cuando incomoda. Incluso cuando obliga a rebajar expectativas. Incluso cuando la respuesta no cabe en una frase redonda.
Eso es ejercer.
No es solo saber Derecho. Es saber aplicarlo cuando la realidad viene incompleta, emocional, urgente, contradictoria o directamente envuelta en un correo larguísimo sin puntos y aparte.
A partir de ahí, todo lo demás se aprende trabajando: observando, equivocándose, corrigiendo y entendiendo que esta profesión exige técnica, sí, pero también criterio, comunicación, límites y mucha honestidad profesional.
Y si alguien está empezando ahora, le diría algo muy sencillo: lee bien ese contrato invisible antes de darlo todo por firmado.
La letra pequeña importa. En Derecho, casi siempre importa.
-
CURIOSIDADEShace 4 díasEl mercado legal también evoluciona
-
CURIOSIDADEShace 5 días“Lo que obstaculiza el camino se convierte en el camino”, Marco Aurelio.
-
CURIOSIDADEShace 6 díasEntre la razón y el corazón: una manera de entender la abogacía
-
CURIOSIDADEShace 7 díasDivulgación jurídica con base normativa, sin bandera y sin venta
-
CURIOSIDADEShace 1 semanaDel Cambio a la Oportunidad: Construir una Nueva Carrera
-
CURIOSIDADEShace 2 semanasLa creciente demanda de socios con cartera: ¿existe realmente una propuesta de valor diferencial?
-
CURIOSIDADEShace 2 semanasCómo conseguir tus primeras oportunidades laborales aunque no seas un «superdotado» del Derecho (y gracias a las redes sociales)
-
CURIOSIDADEShace 2 semanasLo que nadie te cuenta cuando empiezas en la abogacía (y por qué marcará tu carrera)
-
CURIOSIDADEShace 20 horasEl contrato invisible de la abogacía
-
CURIOSIDADEShace 4 díasEl mercado legal también evoluciona
-
CURIOSIDADEShace 5 días“Lo que obstaculiza el camino se convierte en el camino”, Marco Aurelio.
-
CURIOSIDADEShace 6 díasEntre la razón y el corazón: una manera de entender la abogacía
-
ENTREVISTAShace 6 días“Un profesional del Derecho de los Negocios debe entender el contexto empresarial en el que se toman las decisiones jurídicas”: Joaquim Castañer (ESADE)
-
CURIOSIDADEShace 7 díasDivulgación jurídica con base normativa, sin bandera y sin venta
-
CURIOSIDADEShace 1 semanaDel Cambio a la Oportunidad: Construir una Nueva Carrera
-
CURIOSIDADEShace 2 semanasLa creciente demanda de socios con cartera: ¿existe realmente una propuesta de valor diferencial?