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CURIOSIDADES

El impacto de la Inteligencia Artificial en la enseñanza de Derecho: Estrategias de adaptación y nuevas dinámicas.

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Laura Vázquez Maceiras, Estudiante del doble grado en Derecho y CCPP en la Universidad Carlos III de Madrid

 

 

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Hace unos años, cuando los primeros Chatbots fueron lanzados al público, pocos imaginaban la rapidez con la que estas herramientas se perfeccionarían. A día de hoy, empezamos a observar las primeras consecuencias graves a raíz de su uso generalizado. En el mundo legal se traduce en:

  • Menor empleabilidad a juniors, que tradicionalmente realizaban tareas mecánicas
  • Aumento de la valoración de perfiles con sólidas capacidades prácticas
  • Estudiantes de Derecho que dependen más de un algoritmo que de manuales para conseguir un aprobado.

A visión de futuro, la IA genera incertidumbre y plantea preguntas de las que aún nadie, verdaderamente, tiene la respuesta. 

Es innegable que uno de los temas de más relevancia actual gira en torno al avance de la sociedad, la cual va de la mano con la Inteligencia generativa para llegar a cualquiera que sea la meta. Aunque aún no hay veredicto final sobre si la IA debe considerarse una mera herramienta o una amenaza, sí que está claro que ya está consolidada en nuestro día a día, por lo que ignorarla nunca será la solución efectiva. Y es que el tiempo pasa, y a pesar de que preguntas como:  ¿Voy a poder conseguir trabajo? ¿Cómo de grande va a ser el cambio en mi sector? ¿Me va a reemplazar un robot?, aún no hayan sido, ni puedan ser, resueltas, las adaptaciones en los tiempos del ahora deben plantearse cuanto antes. 

Si algo tiene la IA,  es que cada vez es más sorprendente. Lo que empezó siendo un chat que respondía preguntas banales y generaba imágenes divertidas, a día de hoy realiza labores tan versátiles que es implementable a la mayoría de industrias en el mercado, y el Derecho no es la excepción. No obstante, lo que me gustaría tratar en este artículo no tiene que ver con el ejercicio de la abogacía, la consultoría jurídica legal tech o la metamorfosis de las oposiciones a judicatura, sino la enseñanza del Derecho en la universidad. 

Es curioso ver como los mejores juristas del país, la mayoría doctores en una rama concreta, educados en una etapa cada vez más distante a la actual, son capaces de modificar la dinámica de docencia en el aula universitaria con el objetivo de formar a la siguiente generación de la manera más óptima posible. Porque quién sino ellos, que cuentan con una trayectoria brillante, va a entender que el Derecho no es estático y va evolucionando junto a la historia de la humanidad. 

Lo que comenzó como IAs conversacionales de uso general, ha evolucionado a herramientas especialmente diseñadas para tareas o sectores concretos. Mientras una web es referente en crear vídeos e imágenes  de alta calidad, otra se especializa a la hora de hacer resúmenes de grandes textos. Las Inteligencias Artificiales emergentes no buscan abarcar todo, sino encontrar un nicho en el mercado en las que puedan posicionarse como líderes. En consecuencia, vemos cada vez más como distintas profesiones utilizan la herramienta creada expresamente para las necesidades específicas en su ámbito. Los programadores utilizan asistentes especializados en la generación y revisión de código, los analistas financieros utilizan modelos para procesar grandes volúmenes de datos o detectar tendencias y los investigadores se apoyan en herramientas capaces de sintetizar información compleja.

En el ámbito jurídico, destacan diversas soluciones basadas en Inteligencia Artificial que facilitan labores como: 

  • La búsqueda de jurisprudencia
  • El análisis documental
  • La revisión de contratos
  • La elaboración de escritos legales.

El profesorado conoce estas plataformas y muchas veces incentiva a los alumnos a usarlas. No para generar una dependencia, sino para aprender de forma interactiva junto a ellas. 

Para los estudiantes, estas IAs jurídicas resultan especialmente útiles para agilizar tareas más complejas dentro de la formación jurídica, como por ejemplo, comprender una sentencia. El algoritmo ayuda a identificar los puntos clave del texto y a interpretar un lenguaje técnico que, en muchas ocasiones, se da por supuesto tanto en el ámbito académico como en el profesional. Sin embargo, para quienes se enfrentan por primera vez a conceptos legales complejos a temprana edad, los términos que se emplean en fallos judiciales pueden resultar confusos y enrevesados. 

Debemos entender que complementar la tarea didáctica de los profesores con Inteligencia Artificial supone una revolución en la formación académica, ya que sirve para preparar a los estudiantes para el entorno laboral de muchos despachos que ya son usuarios de estos sistemas. Estos asistentes facilitan a los jóvenes aprender a redactar demandas reales, resumir cientos de folios de sentencias con un par de clics y elaborar esquemas de casos complejos en pocos segundos.  Aprender el ejercicio práctico está al alcance de la mano de los futuros abogados y de esta manera, la información extremadamente técnica que se memoriza en los apuntes es aplicable a la realidad jurídica desde el minuto uno. 

Sin embargo, a pesar del descomunal progreso de estas tecnologías, hay un ejercicio que aún no dominan del todo y los docentes lo saben: la búsqueda de jurisprudencia. Es común que si le pides a la IA que te proporcione sentencias relevantes al caso que estás tratando, se las invente por completo o te brinde algunas que no tienen relación alguna con lo que le solicitaste. 

Esto los profesores lo utilizan a su favor de una ingeniosa manera. Como ya es común en el ámbito universitario, la forma de impartir las asignaturas se divide en clases magistrales y clases reducidas. Normalmente, en los seminarios se hacían pequeños trabajos para obligar al alumno a aplicar los conocimientos impartidos en la magistral. Antes de la era de los Chatbots, estas prácticas solían ser trabajos más generales y abiertos. Si en Derecho Administrativo se había explicado la nulidad de los actos administrativos, el ejercicio planteado posteriormente podría ser un ensayo sobre el artículo 47 de la Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. 

Hoy en día, los catedráticos saben que ese tipo de tareas están realizadas por los alumnos tras el planteamiento de un buen prompt y pulsar dos botones. Por eso, ahora se piden actividades que requieran un esfuerzo de búsqueda e interpretación mayor. Un ejemplo de este cambio sería un enunciado como el siguiente:  

«Busque tres ejemplos reales de actos administrativos nulos de pleno derecho dictados por una Administración pública que hayan sido declarados como tales por sentencia judicial. Los supuestos deberán responder a distintas causas de nulidad». 

Este tipo de ejercicio obliga al estudiante no solo a conocer la normativa aplicable, sino también a localizar jurisprudencia, comprender los hechos del caso y justificar jurídicamente la causa de nulidad apreciada en cada supuesto. Además, para el profesorado es sencillo detectar al estudiante que únicamente adjuntó la pregunta a la IA, ya que la jurisprudencia es ficticia y la interpretación del caso real está mal formulada. 

En conclusión, la inteligencia artificial ya forma parte de la enseñanza del Derecho y está cambiando la forma de aprender y enseñar. Aunque facilita muchas tareas, sigue siendo imprescindible desarrollar capacidades de análisis, interpretación y pensamiento crítico. El verdadero desafío no es competir con la IA, sino aprender a utilizarla de manera inteligente y responsable.

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