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CURIOSIDADES

La Silla de Cuatro Patas de la Vida Universitaria

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A lo largo de mis casi cinco años de carrera, no he parado de escuchar el término “vida universitaria”. En este tiempo, sin embargo, ha cambiado sustancialmente lo que para mí significan esas palabras.

Es cierto que la experiencia de la vida universitaria suele ser subjetiva, individual para cada estudiante, pero creo que, en cierto modo, puede definirse objetivamente. Tiene unos componentes claros, y cada uno tiene un peso fundamental. Yo no lo veo como un pilar único, sino como una silla. Una silla que solo es útil y estable si sus cuatro patas están completas y equilibradas. Si una falta, todo se viene abajo.

1. La Pata Necesaria: Estudios

El primer componente es, sin duda, fundamental y clave dentro de la universidad. En el mercado laboral, la nota es la primera criba de todo proceso de selección. Es necesaria, pero no es el centro de nada; es una de las patas de la silla, no el asiento entero.

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La vida no puede girar en torno a los estudios. Y lo digo de primera mano, pues he sido (y sigo siendo) un “ratón de biblioteca”. El problema no es estudiar mucho, sino estudiar solo. Llega el segundo o tercer año y te das cuenta de que te has relacionado poco, que te ven como compañero y no como colega o amigo, o que has dejado de lado relaciones de toda la vida y hobbies.

Descubrir esto fue un golpe de realidad importante, que lamento no haber experimentado antes. Pensaba que era el mejor por tener una muy buena nota, por ser de los primeros de la promoción, pero cuando sales de la burbuja y conoces a gente con tu misma nota o superior, que además hace el quíntuple que tú, yendo a eventos, teniendo prácticas… el shock es real. Se rompen tus esquemas, empiezas a reflexionar sobre el tiempo “perdido” y buscas enmendarlo. Alumnos con notas excelentes los hay a montones; tienes que ser diferente. Tienes que ser ese ratón de biblioteca con una mayor perspectiva.

2. La Pata Satisfactoria: Asociaciones

El segundo componente es claro: el de formar parte de comunidades que te complementen. Esto te da la oportunidad de conocer a gente que puede terminar siendo clave en tu red de contactos, y a personalidades cuyas experiencias o puntos de vista pueden moldear tu futuro.

Existen dos maneras de participar: siendo parte de la audiencia que asiste a ponencias, charlas o mesas redondas, o participando en la organización de esos eventos. Ambas son legítimas. He formado parte de las dos y puedo asegurar que han sido algunas de las mejores decisiones que he tomado.

El valor no está solo en el networking, sino en el complemento de habilidades. Organizar eventos te obliga a negociar, a gestionar, a comunicar y a trabajar en equipo bajo presión. Estas son las soft skills que los despachos buscan hoy. La ayuda que me han otorgado a la hora de ir moldeando mi futuro laboral ha sido inmensa. La satisfacción que produce organizar algo útil, y las anécdotas que te quedan, no tiene precio.

3. La Pata Desconexión: Amistades

Una de las principales consecuencias de poner el estudio como el único centro de tu vida (ya no solo universitaria), es que tus relaciones sociales desaparecen, se evaporan. No hace falta ser un experto para saber que es lo peor que puede pasar.

Ir a clase día tras día, hablar lo justo y necesario con tus compañeros y volver a casa… mentalmente, acabas agotado. Entablar relaciones que superan lo académico y se convierten en parte fundamental de tu vida es un deber. El mero hecho de hablar con tus compañeros te ayuda a limpiar tu mente; te despejas y vives más feliz.

Las amistades son un salvoconducto cuando los estudios no van bien. Si no se tiene esa red de contactos, se corre el riesgo de entrar en una espiral de autodestrucción. Tener colegas o amigos con los que compartir frustraciones y éxitos, que te saquen de la biblioteca para cenar o que simplemente te recuerden que hay vida más allá del temario, es fundamental para tu salud mental y tu rendimiento a largo plazo.

4. La Pata Motivación: Actitud

Si los estudios eran fundamentales y claves, creo que la actitud lo es mucho más (si cabe). Sin la actitud correcta, nada te saldrá bien, o el resultado será mediocre.

La actitud es complementaria a los estudios, las asociaciones y las amistades. Debe combinarse con cada componente para que “funcione” correctamente. Es la disciplina de ir al máximo en tus notas, la proactividad para acudir a cada evento u organizarlo con la mejor intención, y la predisposición para conocer gente que puede cambiar, a mejor, tu vida.

La actitud es la que transforma una buena nota en una oportunidad, y un fracaso puntual en una lección. Es lo que te motiva a buscar esa formación adicional, lo que te impulsa a tocar puertas y a presentarte a cualquier proyecto. Es tu motor interior. Es el ingrediente que convierte a un buen estudiante en un jurista con proyección. La formación continua, la resistencia ante la dificultad y la capacidad de crítica constructiva son, en esencia, manifestaciones de una actitud inquebrantable.

Conclusión: El Equilibrio

La vida universitaria se compone, por lo tanto, de cuatro elementos clave: Estudios, Asociaciones, Amistades y Actitud, a los que me he permitido ponerles una etiqueta: Necesaria, Satisfactoria, Desconexión y Motivación.

Cada pata es fundamental. No puede tenerse una vida universitaria completa con solo tres, y mucho menos con dos o una; la silla se rompe. A esta conclusión he llegado recientemente, tras casi cinco años de carrera, donde en muy pocas ocasiones he tenido la silla con las patas completas y, por ende, una vida universitaria completa y plena. Mi error fue pensar que la pata “Estudios” podría sostener el peso de las otras tres. No puede.

Mario Barbero Martínez. Estudiante de CUNEF Universidad y Secretario General de
ELSA Madrid-CUNEF.

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