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CURIOSIDADES

De la técnica a la excelencia: la llegada del abogado 360º

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El mercado legal se está sofisticando con una velocidad exponencial, y mucho más aún desde la irrupción de la Inteligencia Artificial generativa, lo que obliga a que un abogado (o estudiante de Derecho que se convertirá en¡ futuro abogado) tenga que buscar nuevas vías de aportar valor añadido a sus clientes.

Esa exigencia viene determinada directamente por las expectativas y demandas de los propios clientes, que saben que tienen a su alcance una amplísima oferta de servicios jurídicos de excelente calidad, siendo determinantes los detalles quizás periféricos al “núcleo duro” del propio servicio.

Por eso, como abogado te tienes que esforzar por ampliar tu abanico de soft skills.

Nadie duda de que, como abogado, bien sea desde una gran firma, la asesoría legal de una empresa o el ejercicio independiente, vas a ser capaz de analizar minuciosamente el caso que se le presente, pero lo primero y más importante que debes desarrollar es la habilidad investigadora que te va a permitir encontrar tanto los argumentos que mejor se ajusten a esos detalles del caso, como el sustento doctrinal que haga irrebatible su posición.

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Esta habilidad, junto con la amplitud de miras que se puede conseguir al tener capacidad de anticipación, va a hacer que tu enfoque no sea solo sólido si se estudia de forma aislada, sino que también va a resistir con firmeza los ataques que vaya a sufrir por cualquier contraparte que te encuentres, porque no nos engañemos a nosotros mismos, en Derecho siempre van a existir, como mínimo, dos partes que quieran hacer valer sus intereses por encima de la otra, aunque sea en una negociación.

Pero lo cierto y verdad es que actualmente todos en la universidad, gracias al enfoque más práctico de la enseñanza, vamos logrando tener esta capacidad investigadora de manera paulatina al buscar la solución a los casos que se nos presentan.

Un buen primer complemento a las habilidades que estamos viendo sería la capacidad de debate y oratoria, ya que, gracias a ella, puedes conseguir sacar el máximo partido de cualquier encuentro con otros compañeros, porque te va a permitir redirigir la conversación, debate o discusión hacia los puntos que de verdad te interesan a ti, pero, sobre todo, a tu cliente, que es de quien al final siempre te tienes que acordar.

Sin embargo, la dialéctica sería inútil si no va acompañada de la agilidad mental y capacidad de reacción rápida y adaptación que se necesita en contextos basados en relaciones sociales, que pueden cambiar radicalmente de un día para otro.

Gracias a esta habilidad vas a ser capaz de esquivar una rigidez mental que pueda llegar a provocarte bloqueos cuando las conversaciones o incluso actuaciones en Sala se desvíen de tu plan original, siendo esencial que, haciendo uso de la capacidad de anticipación y oratoria de las que ya hemos hablado, puedas sacar el máximo provecho, incluso y aunque en ocasiones pueda parecer imposible, terminar satisfaciendo a tu cliente por completo.

Si nos centramos ahora en nuestras relaciones con compañeros de profesión y colaboradores, es clave la comunicación asertiva, porque es la base sobre la que construir verdaderas relaciones personales y situaciones de mutuo provecho. Si no eres capaz de comunicarte de esta forma y eres una persona inflexible en sus opiniones, lo más seguro es que sea mucho más difícil que generes conexiones reales con otros compañeros, y, teniendo en cuenta que hemos elegido una profesión que depende en gran medida de ellas, perderás una herramienta de utilidad incalculable.

Por último, es claro que, sin clientes, no hay abogado, por lo que la forma en la que nos relacionamos con ellos tiene una influencia directa en el éxito de la carrera de cualquier profesional del Derecho.

El trabajo y esfuerzo que pongas en esas relaciones desde el punto de vista técnico se desperdicia si no nos comunicamos adecuadamente con los clientes. En esto no puedes olvidarte de que tú tienes conocimiento sobre un campo que al resto de personas que no lo han estudiado se les hace inaccesible. Y de hecho, es por eso por lo que, a la hora de contarle al cliente cómo avanza su caso, tienes que dejar de lado, siempre y cuando sea posible, cualquier tipo de fórmula exclusivamente jurídica, tecnicismos, circunloquios y complejidades de todo punto innecesarias.

Para ello, intenta pensar como si tú fueses el cliente, ponte en su lugar y averigua cuál es la forma en la que el mensaje de tu abogado te quedaría claro. La importancia de esto radica en la generación de confianza en el cliente, que, aunque le hayamos resuelto el caso como él deseaba, si no ha quedado satisfecho con el trato recibido o, por la forma de expresarte, ha sentido que estabas intentando alejarle del procedimiento, no volverá a depositar su confianza en ti.

En conclusión, ningún abogado puede olvidar que su trabajo depende directamente de relaciones sociales y personales, tanto con otros abogados, como con clientes y terceros; y, en un mundo en el que la manera en la que nos relacionamos se complica y enrevesa cada vez más, las habilidades que orbitan alrededor del conocimiento técnico ascienden sumamente rápido en la escala de prioridades del desarrollo profesional y personal del abogado.

Así que, sin más, estudia, trabaja y pide feedback sobre tu avance en estas habilidades si lo que realmente quieres es disfrutar plenamente del ejercicio de una profesión tan gratificante como es la abogacía.

Miguel López Salgado. Estudiante del Doble Máster de Acceso a la Abogacía y
Asesoría Fiscal de Empresas en IE Law School

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