CURIOSIDADES
Diario de una becaria
Una vez elegimos nuestra carrera, cuando realmente tenemos vocación, pasamos años esperando el momento de vivir un pequeño “preview” de lo que será nuestra vida laboral durante los próximos cuarenta años. Con esto me refiero, evidentemente, a las ansiadas prácticas de grado.
Tras vivir el arduo proceso de encontrar una institución o empresa que te acepte para tus prácticas, completar todo el papeleo y, como último paso, coordinar horarios con la universidad y la empresa, por fin eres becaria.
El primer día llegas a un lugar en el que toda la gente que te rodea está muchísimo más preparada que tú; tú lo sabes y ellos también. Estás nerviosa y te cuesta articular palabra mientras tu tutor de prácticas te muestra las instalaciones de la oficina. Además, si tienes suerte y el despacho es lo suficientemente grande, tendrás un despacho propio. A partir de ese momento se empieza a crear el vínculo entre tú y tu responsable. Empiezas a organizar tus cosas después de que te hayan explicado el funcionamiento de las herramientas básicas que utilizarás durante tu estancia y esperas, ansiosa pero temerosa, tu primera tarea.
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Cuando esta llega, te das cuenta de que, por más preparada que creyeras estar, no lo estabas tanto. Probablemente te hayan encargado redactar un escrito y ahí es cuando piensas… “¿Por dónde empiezo?” Te da vergüenza preguntar y admitir que no sabes bien por dónde enfocarlo, pero tranquila: para eso precisamente tienes un tutor designado, y él sabe que tu misión es aprender. No obstante, aunque el primer día no sepas qué hacer ni dónde meterte, a la semana ya estarás mucho más adaptada, y esas tareas que en un primer lugar te parecían imposibles, las harás mecánicamente.
Si tuviera que aplicar una referencia, podría compararse bastante con aprender a conducir. Al principio, cuando te montas en el coche, no entiendes nada: ves muchas cosas y entra demasiada información en tu cabeza. Pero después de conducir durante un tiempo, terminas mecanizando el funcionamiento de todo. Realizar tareas de un despacho o institución es muy similar; aunque al principio no entiendas nada, después de hacer tres o cuatro tareas sabrás perfectamente qué se te pide y qué herramientas debes usar para cumplir con tu trabajo.
Conforme avanzas, empiezas a acostumbrarte al ambiente del despacho, te haces dueña de tu espacio y te familiarizas con las tareas y con la forma de trabajar que tienen en la empresa. Ojo, no es inmediato: los primeros días te sientes incómoda, observada, como un pez fuera del agua. Poco a poco te das cuenta de que el trabajo de los abogados no es tan intenso y vertiginoso como habías imaginado, sino que tiene una realidad mucho más técnica y rutinaria de lo que esperabas. La redacción de escritos está a la orden del día y no es el ambiente dinámico o frenético que siempre habías pensado; no obstante, también tiene su encanto.
Así como existe una parte burocrática y de mucho papeleo, también está la parte de la asistencia a juicios. Es sumamente emocionante entrar por primera vez por los pasillos del juzgado y sentirte alguien. De repente, todo el esfuerzo que has hecho durante los últimos años cobra sentido, y observas a tu alrededor intentando absorber toda la información posible.
Aunque para los letrados más experimentados puede ser algo cotidiano, para nosotras es nuestro primer gran paso: el primer contacto con el mundo real y jurídico. Entras en la sala en compañía de tu tutor y, durante el juicio, escuchas atentamente todo lo que pasa. Te sientes como en una película, mientras piensas y asumes con ilusión que esta es la vida que te espera. Y aunque no todos los días sean tan excitantes, en la combinación de ambas facetas se encuentra el encanto de esta profesión.
Es en las prácticas donde realmente entiendes cómo funciona el derecho fuera de los manuales. Es la oportunidad perfecta para chocar con la realidad y terminar con la expectativa de un mundo idílico y constantemente entretenido. También es el momento ideal para aprender y hacer introspección sobre si realmente deseas esta vida para tu futuro, si crees que puedes vivir en esa dinámica y si verdaderamente te apasiona esta profesión.
Porque, al final, las prácticas no solo sirven para aprender a ejercer el derecho, sino también para descubrir si realmente quieres dedicar tu vida a él. Es en ese momento cuando entiendes que no son solo un requisito académico, sino el primer paso real hacia la profesión.
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