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CURIOSIDADES

Lo que nadie te cuenta cuando empiezas en la abogacía (y por qué marcará tu carrera)

Publicado

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Paloma Zabalgo, Socia directora en Zabalgo Abogados. 

Cuando empiezas en la abogacía, piensas que todo depende de estudiar, trabajar mucho y aprender técnica jurídica. Y, en parte, es cierto.

Pero con el tiempo descubres que hay una parte de la profesión que nadie te explica y que, sin embargo, es la que realmente condiciona tu carrera.

Empezar sin un camino claro es más habitual de lo que parece

Mi inicio no fue especialmente distinto al de muchos compañeros. Empecé trabajando en distintos despachos, tocando varias ramas del Derecho, aprendiendo de todo. Era una etapa necesaria, pero también bastante dispersa.

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No había todavía una dirección clara, sino la sensación de tener que saber de todo y estar a todo.

Con el tiempo, por circunstancias personales y familiares, decidí montar mi propio despacho. No fue una decisión estratégica desde el punto de vista empresarial. Fue, sobre todo, una forma de poder trabajar a mi ritmo y conciliar.

Mirándolo ahora, ese fue el primer gran punto de inflexión.

La especialización no siempre es una decisión, a veces es una consecuencia

Durante los primeros años de mi despacho seguía llevando asuntos de distinta índole. Eso implicaba más horas, más estudio y menos eficiencia.

El cambio llegó de forma bastante natural. Escribí un artículo en un blog sobre la importancia de elegir un buen abogado de familia. En ese momento, hace ya años, prácticamente nadie estaba generando contenido jurídico en internet con ese enfoque.

A partir de ahí comenzaron a llegar llamadas.

Poco a poco, ese tipo de asuntos fue ganando peso hasta convertirse en el núcleo de mi práctica. Ahí empezó mi verdadera especialización.

Los primeros años: trabajo, incertidumbre y pocos ingresos

Ese crecimiento no fue inmediato ni sencillo. Hubo una etapa en la que los ingresos del despacho no eran suficientes para cubrir los gastos. Fue un periodo complicado, en el que había que sostener la estructura con mucho esfuerzo y sin certezas.

Los clientes comenzaron a llegar principalmente por dos vías: Internet y el boca a boca.

Esa combinación, mantenida en el tiempo, fue la que permitió consolidar el despacho.

El gran error: hacerlo todo tú

Con más trabajo llegó la necesidad de crecer. Empecé a contratar a otros abogados y, posteriormente, a una secretaria.

Pero durante muchos años la realidad fue otra: todo seguía pasando por mí.

La primera consulta, la estrategia, la supervisión de los asuntos, los presupuestos, la comunicación con el cliente e incluso el control del despacho. Tenía apoyo, pero no había una delegación real.

Y esto tiene una consecuencia clara: te conviertes en un embudo.
Todo depende de ti. Todo pasa por ti. Y no tienes tiempo para pensar.

No piensas en hacia dónde quieres ir, ni en cómo mejorar, ni en nuevas oportunidades. Solo ejecutas.

Lo que nadie te dice: un despacho no es solo Derecho, es empresa

Este es el punto que a mí me hubiera gustado entender mucho antes.

Un despacho de abogados no es solo un ejercicio técnico o artesanal. Es —o debería ser— una empresa.

Eso implica asumir que necesitas: Un equipo que crezca contigo, delegar funciones de verdad, estructura organizativa, control económico, visión a medio y largo plazo.

Y, en determinadas fases, incluso perfiles que no son jurídicos, vinculados al desarrollo de negocio o a la gestión.

La mayoría de los abogados nos quedamos en nuestro mundo jurídico. Y eso, aunque nos da seguridad, también limita el crecimiento.

Delegar no es perder el control, es poder crecer

Para un abogado joven, todo esto puede sonar lejano o incluso abrumador.

Y es normal. Al principio bastante tienes con cumplir plazos, estudiar y sacar los asuntos adelante.

Pero hay una idea que conviene tener clara desde el principio: si no delegas, no puedes crecer.

Delegar no es inmediato ni fácil. Requiere confianza, formación del equipo y asumir errores.

Pero es lo que te permite salir de la ejecución constante y empezar a construir algo más.

Te permite, literalmente, pensar.

El “click” llega tarde (y no siempre llega)

En mi caso, ese cambio de mentalidad ha llegado con el tiempo.

Probablemente más tarde de lo que me hubiera gustado. Con una visión más madura, más prudente, pero también con más inercias.

Por eso creo que entender esto antes marca una diferencia importante. Porque cuando eres más joven tienes más margen para construir sin tantas resistencias.

No todos quieren construir una empresa (y está bien)

También conviene decirlo con claridad.

No todo el mundo quiere crear un despacho estructurado o una empresa. Muchos abogados prefieren trabajar solos y mantener el control absoluto.

Y es una opción perfectamente válida.

Pero hay que ser consciente de lo que implica: Más independencia, mas control, pero también más carga, más límites al crecimiento, u, en muchos casos, más soledad

Porque la soledad profesional forma parte de esta profesión, y no siempre es fácil de gestionar.

Conclusión

La abogacía no es solo técnica jurídica.

Es toma de decisiones. Es gestión de personas. Y, en muchos casos, es construir un proyecto.

Entender esto antes no te hace mejor jurista. Pero sí puede ayudarte a tomar decisiones más conscientes sobre el tipo de carrera que quieres tener.

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