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CURIOSIDADES

Oficio y criterio: pasado, presente y futuro de la abogacía de empresa

Publicado

en

Alicia Muñoz Lombardia, Vicesecretaria del consejo y directora de la asesoría jurídica de banca comercial, gobernanza y regulación en Santander España

Cuando inicié mi carrera como abogada, creía que el conocimiento técnico lo era todo; dominar las normas, conocer la jurisprudencia y construir argumentos sólidos. Sin embargo, pronto descubrí que, aunque estos elementos son imprescindibles, no so suficientes. Existen aprendizajes y competencias que marcan la impronta profesional y que diferencian a un abogado de empresa. En este artículo expongo aquellos que
considero más relevantes.

Conocimiento del entorno empresarial

Para trabajar como In-House no basta saber Derecho. Es fundamental conocer la cultura corporativa, las prioridades estratégicas y la actividad en sí misma. El abogado interno no debe ser un obstáculo, sino un facilitador, un socio del negocio y comunicarlo adecuadamente y poner en valor la importancia de la función, liderando el cambio y ejerciendo influencia. Comprender tanto al cliente interno como al externo y hablar su lenguaje, proporciona una ventaja significativa para ofrecer un asesoramiento adecuado y puede abrir puertas a futuras
promociones profesionales

Leer

Un hábito tan básico como la lectura proporciona, a la hora de escribir, una herramienta fundamental de trabajo al profesional del derecho. Un escrito claro, ordenado y preciso no solo transmite conocimiento, sino también seguridad y rigor. Traducir lo complejo en algo claro y sencillo de entender es una de las habilidades más valiosas y difíciles de desarrollar y constituye el plus que aporta el abogado
incluso en materias no jurídicas.

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Formación continua y pensamiento crítico

Nuestra profesión nos obliga a estudiar todos los días y a tener visión analítica y juicio crítico. Era así antes, cuando yo me inicié en el ejercicio profesional y aún más ahora, con la irrupción de la IA y el contexto de presión regulatoria e institucional. El verdadero avance profesional, el oficio, llega cuando se deja de buscar únicamente la respuesta correcta y se aprende a cuestionarlo todo y a construir soluciones con criterio propio, transformando problemas en oportunidades. Es fundamental ser diferencial y desarrollar un estilo propio de
trabajo. Ahora los perfiles híbridos son muy valorados y el mercado demanda del abogado conocer el potencial y las posibilidades de las nuevas tecnologías.

Trabajo en equipo

En mis comienzos, los abogados más veteranos eran capaces de responder cualquier pregunta o duda jurídica. Ahora, nadie tiene todas las respuestas y hay que ser humildes, escuchar, colaborar, abrir la mente y pedir ayuda a compañeros que tengan más experiencia o conocimiento, dejando al margen las jerarquías. Tampoco hay que tener miedo a equivocarse; de los errores se aprende y son fundamentales para desarrollar un “olfato jurídico”

Ética profesional

No se pueden olvidar los aspectos deontológicos. Aunque yo he sido una privilegiada porque en Banco Santander siempre han respetado mi independencia de criterio, otros compañeros de distintos ámbitos se han encontrado ante situaciones de urgencia o presiones. Son esos momentos de la verdad los que definen al letrado; la reputación se construye a partir de pequeñas decisiones mantenidas frente a presiones de cualquier tipo. El éxito es efímero pero los valores y la integridad permanecen.

Visión a medio y largo plazo

Aunque vivimos en una cultura de inmediatez, el buen ejercicio de la abogacía requiere una mirada con “luces largas” para anticipar riesgos, gestionarlos y mitigarlos. Merece la pena pararse a analizar todas las implicaciones de un asunto, hacer un mapa de riesgos y evaluarlos, priorizando en función de los impactos. Esta capacidad abre enormes posibilidades en el ámbito de la sostenibilidad, donde el largoplacismo es un presupuesto básico.

Capacidad de adaptación

Vivimos en un mundo frágil y disruptivo y, tenemos la oportunidad ofrecer confianza a nuestros clientes gracias a la seguridad jurídica. Pero no podemos quedarnos anclados en el pasado; hay que adaptarse a las nuevas tendencias y, en el caso de las empresas, a las nuevas maneras de trabajar (agile), sin perder independencia. Transformar y ser más productivos y eficientes es ahora el mantra en todas las asesorías jurídicas.

Vocación

Por último y no menos importante, hay que ser honesto con uno mismo y preguntarse si realmente te apasiona este trabajo. La profesión jurídica ofrece muchas salidas: abogacía de empresa, ejercicio profesional en un despacho o a nivel individual y otras salidas como opositar.

Querido lector, si no tienes curiosidad, inquietud por avanzar en la práctica, perseguir la excelencia y mejorar cada día en el asesoramiento jurídico que prestas, te
recomiendo buscar otras opciones laborales. A veces me preguntan si he planificado mi carrera y la respuesta es que no. Eso si, he ido aceptando nuevos desafíos,
arriesgando y atreviéndome.

Esta es una profesión que exige mucha dedicación y energía, vocación de servicio, ingrata a veces ya que se acude al abogado cuando las cosas se complican, pero profundamente enriquecedora ya que, sea cual sea la práctica profesional, contamos con un super poder: mejorar la vida de las personas, de las familias y de las empresas.

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