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CURIOSIDADES

Abogacía joven en tiempos de Inteligencia artificial

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Queralt Vidal i Sala, Graduada en Derecho (ESADE) y especializada en disputas internacionales (MIDS LL.M). Actualmente, junior associate en Schellenberg Wittmer (Suiza)

Tras años de manuales, clases magistrales, derrames de tinta y modificaciones de Leyes, la profesión se presenta de manera muy distinta a la de nuestros profesores.

Si bien parece ser que el ejercicio de la abogacía nunca se ha ceñido a los aprendizajes de la facultad, resulta inverosímil no haber podido desarrollar las aptitudes adquiridas durante los estudios sin esta intrusa de la que no se oía hablar hasta semanas antes de la graduación. 

Me permito dejar los desafíos universitarios en manos de aquellos que los afrontan. Quienes terminaron la formación en Derecho justo antes del surgimiento de la IA, pero deben contar con ella en la temprana etapa de la profesión, corren el riesgo de no poder elaborar una práctica jurídica sólida – ya consolidada en abogados con veteranía, vírgenes de toda injerencia artificial- sin a la vez dominar las herramientas que amenazan con sustituir sus dotes jóvenes.

Nacimos y crecimos con internet – nuestras aptitudes tecnológicas no son despreciables. La inteligencia artificial nos es más intuitiva que una búsqueda de jurisprudencia en papel, pero debemos aprender a utilizarla sin perder las nociones vertebrales del ejercicio.

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La pulcritud de un escrito sigue siendo indispensable, pero se garantiza con una simple revisión instantánea. No hay excusa para una coma fuera de lugar, una reiteración de palabras innecesaria o un espacio de más. No hay falta de claridad que un prompt no solucione, que también pueden ser útiles para desatascar los bloqueos creativos en momentos de presión. 

Sin embargo, no basta con escritos impolutos para defender un interés satisfactoriamente, y considerando que lo van a ser todos cada vez más, la marca distintiva será el raciocinio jurídico de la posición.

Debemos continuar empapándonos de la experiencia de los sabios para poder convencer con coherencia. De nada sirve una carta bien redactada sin una estrategia de negociación estructurada que le dé sentido, y el sentido no lo puede construir la inteligencia artificial. Los hechos, las partes, la Ley; todo el proceso forma un rompecabezas con piezas bien pulidas gracias a la IA, pero nosotros escogemos la ilustración que se debe montar, y la montamos. 

Si los abogados jóvenes nos dejamos llevar por la tentación de confiar en (y terminar dependiendo de) la IA, no podremos desarrollar el criterio jurídico necesario para dibujar las estrategias. Incluso a efectos internos, y teniendo a los grandes despachos en mente, uno debe de entender qué necesita el superior, que en algunas ocasiones ni tan siquiera el mismo lo conoce, para poder proporcionar las respuestas y opciones pertinentes.

Claro está, durante la indagación de las respuestas contamos con la herramienta que también hay que dominar por completo. Sin perjuicio de la forma impecable que cualquier IA puede garantizar a nuestros documentos, la búsqueda de jurisprudencia es, en mi experiencia, la gran impactada por el fenómeno. 

Algunas de las plataformas tradicionales ya incluyen buscadores de IA que beben de su propia base de datos. Aprendí el arte de encontrar sentencias pertinentes con las “Voces” de Aranzadi, ya pensando que tenía mucha suerte de no tener que hojear boletines, y que sin embargo ahora van quedando en un segundo plano.  

Para dar un contrapunto, también cabe destacar las partes de la profesión que han quedado intactas pese al barrido de la IA. 

Los interrogatorios, ya sean de parte, testigo, o perito, precisan del raciocinio humano y jurídico que sigue prevaleciendo al final de todas las tareas, pero que en este caso me atrevo a decir que impera de principio a fin. 

En aras de mostrar mi honestidad, admito que he intentado apoyarme en varias plataformas para agilizar la preparación de las preguntas, pero el nivel de contexto, detalles, objetivos y particularidades es tan alto incluso en el caso menos complejo, que la IA no es capaz de proporcionar nada digno de ser considerado. 

En mi humilde experiencia, no vale la pena invertir el tiempo necesario para que la máquina entienda la respuesta del interrogado que buscas – es mucho más eficiente, aquí sí, desempolvar la pluma de tomar apuntes y lanzarse a escribir propuestas de preguntas con toda la información fresca en mente. 

Al fin y al cabo, de esto se trata. La experiencia se gana ejerciendo, y ahora aprendemos a ejercer con una herramienta que ha cambiado el paradigma, pero que no nos exime de seguir aprendiendo.

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