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¿Deberíamos dedicar más tiempo a la filosofía en la carrera de Derecho?

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Asier Herrero González, estudiante de derecho en la Universidad Autónoma de Madrid

Hoy en día, en la universidad contemporánea española, la carrera de Derecho tiene -por méritos propios- la fama de buscar el aprendizaje automático de la norma. Sin tiempo para nada más -por la misma fatiga que genera tal tarea encomendada, los alumnos no nos paramos a hacernos una pregunta que fue esencial para el propio surgimiento del Derecho: ¿esta norma que estoy estudiando debería ser así?

¿Deberíamos aplicar la filosofía al Derecho?

Esta pregunta seguramente generaría una respuesta maniquea entre las personas a las que se les plantee. Sin embargo, la realidad es que el Derecho se encuentra sometido a la filosofía (o, más amablemente, depende de ella). En concreto, la filosofía cumple una doble función con respecto al Derecho:

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  1. Por un lado, legitima la norma. La distinción entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, está en la propia naturaleza del ser humano, aunque en la actualidad se califique como una ciencia: la filosofía. En este sentido, ¿dejaríamos que se nos impusieran normas que considerásemos manifiestamente injustas? Aunque debamos mejorar en ello, la realidad es que no, no lo permitiríamos; por ello, sería necesario saber cuándo algo es injusto, ¿no?
  2. Por otro lado, genera un campo de aplicación para la misma. Es decir -y de forma extremadamente resumida-, si la norma se aplica a los ciudadanos de un país, tendremos que saber: entre los ciudadanos se incluyen las personas; de ser así, ¿qué es una persona? ¿Y qué ocurre con los animales?

Aplicación práctica de la filosofía al Derecho

La carrera de Derecho se tiene que dedicar a formar juristas; ni abogados ni doctorandos: juristas. Pero, con ánimo de facilitar la tarea, hablaré de los beneficios que podría conllevar para ambos -abogados y doctorandos- la inclusión de una mayor carga de contenido en materia filosófica en la carrera:

  1. Para los abogados: podemos comenzar con que «el abogado no es un código con patas» (Jesús Remón), sino un humanista con toga. Un conocimiento más profundo de la filosofía va a permitir al abogado conocer más detalladamente el contenido y la función de la norma, lo que le va a llevar inevitablemente a encontrar las mejores soluciones a las lagunas que presenta la misma. Además, no nos engañemos, la retórica es un aspecto esencial en la vida de un abogado, y ese conocimiento de filosofía puede añadir la chispa extra a ese argumento tan importante.
  2. Para los doctorandos: no será muy polémica la afirmación que dicte que, si se quiere innovar en la ciencia jurídica, ello pasa por conocer los cimientos del área en la que se esté trabajando, lo cual llevará inevitablemente a cuestiones filosóficas.

La filosofía como medio para profundizar en el conocimiento del Derecho

A continuación, para poder explicar cómo la filosofía puede ayudar a profundizar en el conocimiento del Derecho, me gustaría introducir brevemente un pasaje:

En la antigua Atenas, Sócrates decide cuestionar a un político de gran reputación que se consideraba a sí mismo un hombre sumamente instruido. El filósofo le pide que defina con claridad nociones de su oficio, como la justicia, la ley o el derecho. A pesar de su supuesta pericia, el experto es incapaz de sostener sus argumentos ante el interrogatorio, revelando que su conocimiento es superficial y contradictorio. Al retirarse, Sócrates concluye que es ligeramente más sabio que aquel político por una razón fundamental: él ignora su propia incompetencia, mientras que Sócrates, al menos, es consciente de lo poco que sabe[1].

La filosofía cumple una función esencial respecto del Derecho en cuanto nos invita a plantearnos si realmente estamos haciendo lo correcto. A pesar de que no hay que llevar a cabo un análisis compulsivo de todo el sistema, sí que deberíamos ser lo suficientemente críticos con el mismo; y, para criticar, debes tener un criterio respecto de la norma; y, para tener un criterio, debes tener una visión de esta; y, para tener una visión de la misma, tienes que comprender la situación que regula; y, para comprender la situación que regula (correctamente), es muy probable que, de una u otra manera, debas aplicar la filosofía.

Filosofía: pasado, presente y futuro

La filosofía ya ha ayudado al ser humano a abordar complejísimos problemas jurídicos que -de no haberse formulado una respuesta correcta a los mismos- indudablemente habrían cambiado la forma que tenemos de ver el mundo. Así, por ejemplo, la configuración actual de los derechos fundamentales en España (y en la mayoría de los Estados modernos) no puede entenderse sin el Iusnaturalismo.

Sin embargo, el Derecho es un monstruo que no para de evolucionar. La filosofía deberá explorar problemas complejos como la naturaleza de la inteligencia artificial o sus límites, para que posteriormente se pueda llevar a cabo una legislación adecuada para regularla.

 

Conclusión

Como conclusión, una mayor enseñanza de la filosofía en las universidades permitirá a sus alumnos una comprensión más profunda del Derecho, trasladable a su futuro profesional. De todas maneras, si las universidades eligiesen no optar por esta vía, nosotros, los estudiantes, podemos llevar a cabo un trabajo individual, ya que para ello tenemos muchos medios (al menos, muchos más que hace 50 o 100 años).

[1] Nussbaum, Martha C. “El uso y abuso de la filosofía en la enseñanza del derecho”. En Academia: Revista Sobre Enseñanza del Derecho, año 7, Número 14, 2009, p. 31.

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