CURIOSIDADES
¿Cómo hacerte recordar en un proceso de selección? Las 6 habilidades que buscan los despachos del top 1%
¿Sabías que el 92% de los directivos considera que las habilidades son más importantes que los conocimientos técnicos? Este dato me recuerda a una frase que pronunció mi jefe cuando estaba de prácticas en Baker McKenzie Luxemburgo y que me marcó: “el Derecho no es una carrera, es una maratón”.
Evidentemente que graduarse es importante, pero no te asegura un buen punto de partida frente al largo camino que representa la carrera profesional como abogado. Por ende, considero que las habilidades son una extensión de nuestra formación académica y es lo que, en numerosas ocasiones, nos concede una ventaja prematura y diferenciadora de cara a la maratón.
Hoy os traigo las 6 habilidades que he aprendido en el entorno de Baker McKenzie y que, si las dominas, harán que te recuerden en un proceso de selección.
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Comunicación efectiva
Durante las rondas de entrevista para Baker McKenzie Luxemburgo, aprendí que la comunicación es condición necesaria en estos ámbitos, dado que todos mis logros y certificaciones se reflejaban en la forma de comunicar.
En el trabajo como abogado, no basta con transmitir información y cumplir las tareas. Debes proyectar tus argumentos, escritos y propuestas de forma sintética, es decir, manteniendo la esencia y la utilidad de un mensaje. Cuando comunicamos con precisión conseguimos:
- Generar más confianza y respetar el tiempo de los demás.
- Captar la atención y sonar más convincente.
- Proyectar inteligencia y competencia profesional.
En definitiva, centrarse en desarrollar esta habilidad mediante actividades curriculares y extracurriculares es darle importancia a una competencia que, no sólo es indispensable en la abogacía, sino que es una ventaja significativa que la IA nunca va a reemplazar.
Pensamiento crítico
Pasar de memorizar artículos a aplicar la teoría en contextos reales no es sencilla. En el contexto académico solemos premiar la memorización, pero en la práctica jurídica lo que realmente importa no es saber, sino comprender y analizar.
En la abogacía, hay que pensar de forma articulada, conectando ideas y proponiendo soluciones prácticas. Una de las cualidades que resaltó mi supervisora en Baker McKenzie fue mi capacidad de absorber información para después aplicarla en un contexto práctico, algo que marca la diferencia en estos entornos.
Por ende, lo que te cualifica como profesional competente no es acumular conocimiento, sino desarrollar pensamiento crítico: el identificar patrones, el detectar riesgos y observar más allá de lo superficial. Esta habilidad enriquece tu aprendizaje y además te posiciona como alguien capaz de liderar, cautivar y aportar valor.
Capacidad de organización y toma de decisiones acertada
En la abogacía, la reputación no se construye únicamente con resultados, sino con la forma en la que trabajamos. He aprendido que el nivel de proyección profesional que deseas alcanzar es proporcional al nivel de estrés que puedas gestionar. Por ello, una buena organización establece las bases para extraer resultados excelentes.
Al diseñar sistemas y métodos que nos permitan optimizar el tiempo, aprendemos a trabajar de forma inteligente antes de trabajar duro. Dichos sistemas nos permiten anticipar riesgos, evaluar escenarios y decidir acertadamente. En estos procesos, las herramientas de IA asisten en afinar y pulir nuestro trabajo, más no integran capacidades de reflexión crítica, razonamiento y adaptación ante imprevistos.
Crear estrategias que faciliten la toma de decisiones para emplear nuestra energía en lo que realmente importa, es una habilidad que proyecta competencia y que los despachos del top 1% valoran significativamente.
Habilidades para trabajar en equipo y mediar conflictos
La consultora global de RRHH Michael Page reconoce que es una de las habilidades más valoradas en el mercado laboral. He de confesar que una de mis mayores sorpresas trabajando en Baker McKenzie fue la confianza y la transparencia que había entre todos los miembros de mi equipo. Nuestro jefe nos daba autonomía en nuestra gestión y mantenía una comunicación transparente en el equipo de trabajo, lo cual era crucial para anticipar y abordar posibles problemas antes de que se conviertan en conflictos.
En los despachos del top 1% no se trata de evitar tensiones, sino de gestionarlas. Para ello, conviene plantearse tres preguntas clave:
- ¿Cuál es el verdadero problema?
- ¿Qué necesita cada compañero para sentirse escuchado y satisfecho?
- ¿Cómo podemos construir soluciones conjuntas?
Valorar las opiniones de los demás y prevalecer diálogos abiertos en equipos de trabajo permite enfocar las situaciones críticas y generar mejores decisiones. Esta ventaja competitiva la podemos desarrollar en la universidad, en exposiciones o hasta en moot courts, donde aprendemos a colaborar con personas de distintas culturas, tal como ocurre en los despachos internacionales.
Inteligencia y competencia emocionales
Como es bien conocido, la inteligencia emocional implica reconocer y gestionar tanto las emociones propias como las ajenas. Esta habilidad es clave para potenciar la empatía, mejorar la comunicación y facilitar la resolución de conflictos.
Comprender las emociones y necesidades del cliente no solo refuerza la confianza, sino que permite tomar decisiones más acertadas y llegar así a acuerdos más sostenibles.
La inteligencia emocional se compone de 3 pilares:
- Autoconciencia: Identificar nuestras emociones y entender su impacto en el entorno laboral.
- Autorregulación: Controlar nuestras emociones en momentos de tensión para mantener la objetividad
- Automotivación: Orientar las emociones hacia las metas y no a los problemas.
Por ello, en los despachos del top 1% no solo es saber HACER; también hay que saber ESTAR. Este último implica un ejercicio consciente de comprender emociones, escuchar activamente y generar confianza.
Adaptación
Los imprevistos pueden comprometer la efectividad del trabajo, y en estos entornos ponen esta habilidad a prueba. En mi primer día como pasante en Baker McKenzie Luxemburgo, me quedé hasta tarde porque mi jefe lo pidió. Sabía que era una oportunidad para demostrarle mi disposición y motivación.
En los despachos del top 1% no solo te enfrentas a situaciones, sino que también interactúas con personas. Descubrí que adaptar mi comunicación era crucial para aumentar la productividad y fortalecer relaciones.
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