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CURIOSIDADES

Dejar el hogar a los 20: El crecimiento que ofrece estudiar fuera

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María José Rengifo. Estudiante de Derecho

La vida nos impone rutas, pero el crecimiento solo se encuentra en la capacidad de forjar las propias. Aunque se crezca con estabilidad y comodidades, la búsqueda de un desafío significativo es un motor intrínseco de la juventud. A mis veinte años, esta necesidad se materializó en un cambio radical: empezar de cero en otro país. Esta decisión no fue un escape, sino un impulso consciente para salir de mi zona de confort y confrontar la pregunta fundamental: ¿quién soy y qué quiero construir?

El Derecho como decisión racional o vocación personal

La elección de una carrera universitaria a una edad temprana a menudo se guía por criterios externos, priorizando la estabilidad social y las salidas profesionales sobre la verdadera pasión. Mi elección por la carrera de Derecho se dio como una opción segura, seria y estable, alineada con las expectativas de una «buena elección» profesional. A pesar de los beneficios evidentes, una incertidumbre constante sobre si esta carrera era la verdadera motivación o simplemente una decisión tomada bajo presión social persistió durante los primeros tres años de estudio en Perú. Esta dualidad entre la seguridad esperada y la duda interna fue el impulso para buscar un entorno que forzara una reevaluación, obligándome a diferenciar entre una elección impuesta y una pasión descubierta.

 

La prueba de madurez

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La decisión de migrar no fue un simple traslado; fue una inmersión inmediata en la gestión de obstáculos burocráticos. Este proceso, a menudo subestimado, se convirtió en el primer y más agotador reto de la experiencia internacional. El trámite de visado, recopilación de documentos, citas consulares e investigación minuciosa, realizados sola sin apoyo directo. La frustración e incertidumbre, semanas y meses atrapada en la espera, con la desesperación de que las clases en España ya habían comenzado, culminando con la noticia de la pérdida de mi plazo para subsanar un documento. Esta fase no solo implicó el manejo de documentos, sino la gestión de la frustración y el colapso de planes. La respuesta a la adversidad no fue la rendición, sino la persistencia: no desistir del  proceso y volver a realizarlo desde cero, incluso con la carga emocional y administrativa que ello conllevaba.

Choque cultural y académico

Llegar a un país nuevo significó enfrentar de golpe múltiples variables: El método de enseñanza era distinto, así como la forma de entender la profesión. No conocer a nadie, y por momentos sentirse solo o totalmente perdido. Los trámites que parecen interminables: convalidaciones, gestiones burocráticas, documentos que iban y venían, requisitos que muchas veces no llegas a entender, todo para regularizar tu situación migratoria. La condición de estudiante internacional exige un desarrollo de madurez acelerada. Los momentos de agobio, la sensación de ir contrarreloj, y la dependencia total de uno mismo se resumen en un mantra de autoafirmación: «Tengo que poder». La superación de este largo proceso, que culminó con la aceptación oficial de mi solicitud.

La construcción de un nuevo eje de estabilidad

Lejos de la estabilidad preestablecida, la vida en el extranjero te obliga a construir el equilibrio a partir de elementos cotidianos y pequeñas victorias. La necesidad de estrategias como la creación de una rutina basada en el cuidado personal (casa, ejercicio, mantener un orden, estudios) como ancla en el nuevo entorno. En ese camino conocí personas que, estando tan lejos de mi familia, se volvieron esenciales en mi día a día. En ese camino conocí personas que, estando tan lejos de mi familia, se volvieron esenciales en mi día a día. Personas que saben lo que es empezar desde cero y que, sin proponérselo, se convierten en una especie de familia. Las celebraciones de fechas importantes como navidad, cumpleaños, fechas especiales se convierten en experiencias duales: si bien te producen nostalgia y dolor, también funcionan como lecciones poderosas sobre la capacidad de adaptación y el crecimiento individual forjado en la distancia.

La redefinición del propio interés en la carrera

El cambio de ambiente no solo afectó mi vida personal, sino que transformó mi relación con el Derecho, pasando de mirarlo como obligación a volverse una vocación.

  • Motivación: El gusto por la carrera dejó de depender de «tener salidas» o ser «respetada» para centrarse en los aspectos atractivos descubiertos en el nuevo contexto.
  • Inmersión a la práctica: La participación en círculos estudiantiles, actividades y espacios ampliaron la visión del Derecho más allá de los códigos. El enfoque se desplazó hacia la comprensión del porqué de las normas, su efecto en la vida cotidiana y la capacidad de cuestionar realidades distintas a la propia.

Esta inmersión práctica hizo que el estudio se volviera natural y motivador, confirmando que la decisión inicial, aunque llena de dudas, era una posibilidad real y una verdadera motivación.

La identidad no está determinada por la elección de la carrera

La experiencia internacional ofrece una perspectiva crucial sobre la identidad juvenil y su relación con las decisiones tempranas.

  • La carrera no define quién eres. Es vital que los jóvenes no permitan que una elección hecha a los dieciséis o diecisiete años determine la totalidad de su identidad.
  • Lo que verdaderamente nos define es lo que se construye fuera de los moldes y las expectativas preestablecidas.

El miedo al empezar de cero se tradujo en una profunda transformación, la voz interior que buscaba un reto ha sido validada por la experiencia. Hoy entiendo que una nueva ciudad puede convertirse en hogar; nuevas personas pueden convertirse en familia, y una carrera que elegiste con dudas puede sorprenderte cuando creces dentro de ella. Por eso, ahora puedo decirlo sin dudar: sí puedo; y puedo más de lo que pensé a los veinte años.

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