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CURIOSIDADES

Hackathon legal: qué son y para qué sirven

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Los hackathones legales nacen de una idea sencilla: reunir, durante un tiempo limitado, a personas del ámbito jurídico, tecnológico y de negocio para abordar un reto concreto del sector legal y comprobar hasta dónde se puede llegar cuando se trabaja de forma diferente a la habitual.

El formato concentra en poco tiempo lo esencial: identificar un problema real, colaborar en equipo y cerrar el encuentro con una propuesta práctica que aporte valor al sector.

Qué es exactamente un hackathon legal

El término hackathon combina las palabras hack y marathon. Hack se entiende aquí como la búsqueda creativa de soluciones y marathon hace referencia a la intensidad y duración del evento.

Un hackathon legal es una experiencia colectiva en la que juristas, desarrolladores, diseñadores y profesionales de negocio trabajan, durante 24 o 48 horas, en el diseño de una solución relacionada con el mundo jurídico. El proceso incluye analizar el problema, generar ideas y construir un prototipo: una aplicación, una herramienta para un despacho o una plataforma que mejore la relación entre ciudadanía, empresas y Administración.

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Habitualmente, si tiene formato concurso, el encuentro termina con una presentación ante un jurado, que valora la propuesta, y en algunos casos con premios o reconocimientos para los equipos más destacados. El objetivo, en cualquier caso, no es lanzar un producto acabado, sino avanzar de la reflexión a la acción: pasar de la queja al prototipo.

Por qué la mezcla de perfiles es clave

Aunque los hackathones surgieron originalmente en el ámbito del desarrollo de software, los perfiles jurídicos son esenciales. Sin abogadas, estudiantes o asesores internos, muchas ideas serían difíciles de aplicar. El jurista aporta conocimiento del marco normativo, de los procedimientos y de los verdaderos “puntos de dolor” del sistema. Sabe dónde se atascan los procesos y qué tareas son repetitivas o de poco valor añadido.

Los perfiles técnicos traducen esas necesidades en soluciones digitales: automatización de documentos, sistemas de búsqueda avanzada, asistentes virtuales o análisis de datos jurídicos. Lo que para un abogado es un trámite pesado, para un desarrollador puede ser un flujo optimizable.

A esta combinación se suman perfiles de diseño y negocio, que se centran en la experiencia del usuario y en la viabilidad del proyecto. Cuando funciona, el hackathon se convierte en un ejercicio real de colaboración interdisciplinar.

Qué tipo de retos se trabajan

Los retos que se abordan pueden variar mucho en función de quién lo organiza y de los objetivos del encuentro, pero suelen tener en común que parten de problemas reales del ecosistema jurídico.

En algunos casos se trabaja sobre proyectos que, por ejemplo, buscan facilitar el acceso a la justicia o mejorar la relación de la ciudadanía con la Administración. En otros, el foco está en la mejora de la gestión interna de despachos y asesorías jurídicas, como la automatización de determinados documentos o la organización más eficiente de la información.

También existen iniciativas orientadas al cumplimiento normativo y al gobierno corporativo, que plantean herramientas para hacer más sencillo el seguimiento de obligaciones o la trazabilidad de decisiones. Y, en paralelo, se experimenta con el uso de datos, de inteligencia artificial o de tecnologías como blockchain en ámbitos concretos del Derecho.

No hay un único tipo de reto, pero sí un hilo común: utilizar la tecnología y el diseño de procesos para resolver necesidades jurídicas concretas.

Qué aporta al sector jurídico

Para el sector, un hackathon legal es una forma práctica de detectar ineficiencias y explorar nuevos modos de trabajo. Explicar un procedimiento jurídico a perfiles no legales obliga a simplificar y priorizar, lo que revela con claridad qué partes del proceso aportan valor y cuáles se mantienen por costumbre.

Además, genera resultados tangibles. Aunque el prototipo no esté listo para su implantación inmediata, deja definido el problema, el usuario principal y el papel del profesional jurídico. 

Qué gana un profesional jurídico

Desde la perspectiva individual, es una forma exigente y estimulante de acercarse a la tecnología aplicada al Derecho. Ayuda a explicar problemas complejos de forma clara, a priorizar tareas y a trabajar con tiempos limitados. Es también un entrenamiento en competencias cada vez más valoradas: pensamiento crítico, trabajo en equipo, creatividad, comunicación y gestión del tiempo.

Para muchos, supone un punto de inflexión. Algunos descubren el interés por el LegalTech o por la innovación jurídica; otros pierden el miedo a lo digital. Ver cómo se construye una herramienta jurídica desde dentro transforma la percepción de la tecnología: deja de ser una amenaza y pasa a ser un aliado con el que dialogar.

El reto de la continuidad

Una cuestión relevante es qué ocurre con las ideas cuando termina el hackathon. En algunos casos, los prototipos se mantienen como ejercicio de aprendizaje y cambio de perspectiva; en otros, sirven de punto de partida para posibles iniciativas futuras.

Los hackathones legales son, en definitiva, un laboratorio donde el Derecho y la tecnología se sientan a la misma mesa para preguntarse cómo trabajar y servir mejor. No sustituyen la técnica jurídica, pero sí aportan algo que el sector necesita: espacio para experimentar, aprender y colaborar.

El uso que el sector haga de este tipo de espacios marcará en buena medida el papel que tendrán en la evolución de la profesión.

María del Carmen Froján Lozano, abogada colegiada en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid.

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