Conecta con nosotros

CURIOSIDADES

Lo que nadie te cuenta al empezar en la abogacía

Publicado

en

Violeta García, abogada colegiada y creadora de contenido jurídico, centrada en la divulgación del Derecho de forma clara y accesible.

Cuando decides estudiar Derecho, todo parece bastante claro: carrera, máster, colegiación… y ejercicio profesional.

Pero hay una parte del camino de la que casi nadie habla. Y es precisamente la más importante: qué ocurre cuando empiezas de verdad.

Porque la abogacía no es solo lo que te enseñan en la universidad. Ni siquiera es lo que imaginas mientras estudias. Es otra cosa.

Únete a la comunidad. Recibe contenido en tu email

Más de 20.000 suscriptores

Por favor, activa JavaScript en tu navegador para completar este formulario.
Paso 1 de 2
  • La sensación de no estar preparado

Uno de los primeros golpes de realidad llega rápido: la sensación constante de no saber lo suficiente.

Da igual lo buenas que fueran tus notas o lo mucho que hayas estudiado, cuando te enfrentas a un caso real, con una persona real detrás, aparece la duda, el agobio y el sentimiento de responsabilidad:

¿Estoy enfocando esto bien? ¿Se me está escapando algo importante? Y nadie te lo dice, pero es normal.

La abogacía no se aprende solo en los libros. Se aprende ejerciendo. Mi consejo es hablar, apoyarte en compañeros, preguntar, preguntar y preguntar.

  • La presión (autoimpuesta y externa)

Al empezar, es fácil compararte: compañeros que parecen avanzar más rápido, con contratos en grandes despachos, otros que ya tienen clientes, o perfiles en redes que muestran una trayectoria impecable.

Eso genera una presión silenciosa: la de sentir que deberías estar más lejos de lo que estás.

Pero la realidad es que cada carrera profesional tiene su ritmo, y en Derecho, la evolución suele ser más lenta de lo que nos gustaría (mucho más lenta).

  • La teoría no es la práctica

Durante años te preparan para memorizar y analizar normas… ERROR, el ejercicio profesional implica mucho más y no tiene mucho que ver con la carrera:

  • Gestionar clientes (y la carga mental que esto conlleva).
  • Explicar conceptos complejos de forma sencilla
  • Tomar decisiones con información incompleta
  • Asumir responsabilidades muy altas
  • Y, sobre todo, lidiar con situaciones que no siempre tienen una solución perfecta (a veces, incluso situaciones que están “perdidas”).

Ese cambio cuesta. Y es completamente normal que al principio te sientas desubicado.

  • La importancia de saber comunicar

Un cliente no necesita que le cites artículos de memoria, necesita entender qué le está pasando y qué opciones tiene, de forma clara y con empatía.

Aprender a comunicar con claridad marca una diferencia enorme, especialmente al inicio. Y, curiosamente, es una habilidad que nadie nos enseña.

  • Especializarse.

Con el tiempo he entendido que no se es mejor abogado por saber un poco de todo, sino por dominar bien una materia concreta. Al final, “quien mucho abarca, poco aprieta”. Por eso, es fundamental elegir un área, profundizar en ella y construir tu perfil en torno a esa especialización. Convertirte en referente en un nicho no solo te hará destacar en el sector, sino que también te permitirá atraer clientes de mayor calidad y generar más confianza en tu trabajo.

 

Finalmente, el mejor consejo que puedo darte es: rodéate bien. Tener referencias, compañeros o mentores marca una gran diferencia.

Y, sobre todo, ten paciencia: la abogacía es una carrera de fondo, no de velocidad.

Artículos relacionados

Últimas entradas

Escribe tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.