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ENTREVISTAS

«La formación universitaria por sí sola no es suficiente para ejercer como fiscalista»: Daniel Tarroja

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Entrevistamos a Daniel Tarroja, socio de Crowe y responsable del área de procedimientos y contencioso tributario a nivel nacional, además de profesor en el Máster en Tributación y Asesoría Fiscal de CEF.- UDIMA. Con una trayectoria especializada en Derecho Fiscal y experiencia tanto en empresa como en despacho, ha desarrollado su carrera en el ámbito de la litigación tributaria. En esta entrevista analiza la especialización en fiscalidad, las oportunidades profesionales del sector y el impacto de la inteligencia artificial en la práctica jurídica.

  • ¿Cómo recuerda sus inicios profesionales? ¿Decidió desde el principio que le interesaba el área de derecho fiscal?

Desde el inicio de la carrera tuve claro que quería dedicarme al Derecho Fiscal. Estudié Derecho en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, y pronto entendí que la formación universitaria en fiscalidad era insuficiente para ejercer con solvencia. La fiscalidad es un ámbito muy técnico y complejo, que requiere necesariamente una formación complementaria especializada.

Por ese motivo decidí cursar un máster en fiscalidad en CEF.- UDIMA , que considero un centro de referencia en España en esta materia. En aquel momento no era tan habitual como ahora enlazar directamente la carrera con el máster, y yo ya estaba trabajando en el ámbito fiscal, pero tenía claro que necesitaba una formación sólida y especializada. CEF.- UDIMA llevaba ya décadas formando a fiscalistas y contaba con un profesorado y unos materiales de primer nivel.

Llegué a plantearme opositar a inspector de Hacienda, pero la oposición exige una dedicación exclusiva y, además, coincidió con una época de pocas plazas. Finalmente opté por reforzar mi perfil profesional a través del máster, una decisión que fue clave en mi trayectoria. Posteriormente cursé también un posgrado de especialización en procedimiento y contencioso tributario, que completó mi perfil y me abrió muchas puertas profesionales.

Mi carrera profesional comenzó en el departamento fiscal del Grupo Planeta, donde trabajé aproximadamente dos años. Fue una experiencia muy valiosa, pero pronto me di cuenta de que la fiscalidad general y la gestión recurrente de impuestos no era el ámbito que más me motivaba. La fiscalidad es un mundo muy amplio y, dentro de él, existen áreas muy distintas. Yo tenía una clara vocación jurídica y quería ejercer como abogado, algo que en la empresa resulta más limitado.

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Por ese motivo decidí dar el salto al despacho profesional, especializándome en procedimientos y contencioso tributario, un recorrido que no es el más habitual, ya que muchas personas hacen el camino inverso. Esa decisión marcó definitivamente mi trayectoria.

  • ¿Cuáles son las principales tareas o proyectos que lidera actualmente? ¿Cómo describiría su día a día?

Me incorporé a Crowe en el año 2012 como abogado del área de procedimientos y contencioso tributario. Con el paso del tiempo he tenido la oportunidad de crecer dentro de la firma hasta convertirme en el socio responsable del área a nivel nacional. A pesar de haber recibido ofertas de otros despachos, he decidido permanecer en Crowe porque la firma me ha ofrecido un proyecto profesional sólido, con crecimiento, confianza y estabilidad, algo que hoy en día no es tan habitual.

Mi labor principal consiste en dirigir el área de procedimientos y contencioso tributario. Nuestro trabajo se centra en la defensa de los clientes frente a actuaciones de la Agencia Tributaria, tanto en fase de inspección como en las instancias posteriores ante los tribunales económico-administrativos y la jurisdicción contencioso-administrativa.

En el día a día definimos la estrategia jurídica de los expedientes, coordinamos al equipo y, en muchos casos, asumo directamente la dirección y representación de asuntos complejos o relevantes. Trabajo con un equipo de entre seis y siete profesionales, sin los cuales sería imposible gestionar el volumen y la complejidad de los asuntos que llevamos. La hiperespecialización y el trabajo en equipo son esenciales en este ámbito.

  • ¿Qué consejos daría a un estudiante de Derecho interesado en especializarse en Derecho Fiscal?

El Derecho Fiscal es un área con muchas salidas profesionales y una gran versatilidad. Permite trabajar en despachos, en empresas, en asesorías o incluso preparar oposiciones en el sector público. Sin embargo, el primer consejo fundamental es que realmente te guste la fiscalidad.

Es una de las ramas del Derecho que más cambia. Las normas tributarias se modifican constantemente y están muy ligadas a la situación económica y social del país. Lo que se estudiaba hace veinte años es muy distinto de lo que se aplica hoy. Por eso, si no existe una verdadera motivación, puede resultar una materia muy exigente.

Además, el Derecho Fiscal tiene una particularidad: no todo es litigación. Existen áreas más jurídicas, como el contencioso tributario, pero también otras más orientadas a la gestión, el cálculo y la planificación fiscal, donde no siempre se ejerce como abogado en sentido clásico. Por ello, es importante que el estudiante identifique qué tipo de perfil le encaja mejor.

  • Desde su experiencia docente, ¿qué formación y habilidades considera esenciales para especializarse en Derecho Fiscal? ¿Qué reflexión haría sobre la formación jurídica actual?

Desde la perspectiva de despacho, es evidente que la formación universitaria por sí sola no es suficiente para ejercer como fiscalista. Tanto si se proviene de Derecho como de Economía u otras titulaciones, la base fiscal adquirida en la carrera es limitada. Es imprescindible cursar un máster en fiscalidad que permita comprender en profundidad el sistema tributario, las distintas figuras impositivas y su funcionamiento.

La fiscalidad es un sistema altamente complejo y, al mismo tiempo, muy versátil. Existen múltiples subespecializaciones: precios de transferencia, fiscalidad internacional, gestión tributaria, procedimientos, planificación fiscal, entre otras. Las habilidades necesarias dependen en gran medida del área en la que cada profesional decida desarrollarse.

La formación jurídica actual, especialmente tras la implantación del sistema de grados, es más generalista y menos técnica, lo que hace todavía más necesaria la especialización posterior. En el caso del Derecho Fiscal, esta especialización no es una opción, sino una condición indispensable para poder ejercer con solvencia.

  • Como profesor del Máster en Tributación y Asesoría Fiscal en CEF.- UDIMA ¿qué lo diferencia de otros programas?

Aunque pueda parecer poco objetivo, CEF.- UDIMA es ampliamente reconocido como uno de los principales centros de referencia en fiscalidad en España, y los materiales y manuales que se abordan durante el programa son de gran calidad, ya que son utilizados de forma habitual por fiscalistas en despachos de todo el país.

Además, el CEF.- UDIMA cuenta con un profesorado excepcional, que combina profesionales del sector privado con altos cargos de la Administración, como inspectores de Hacienda y miembros de tribunales económico-administrativos. Esta visión conjunta permite al alumno entender tanto la perspectiva del contribuyente como la de la Administración, algo fundamental en el ámbito tributario.

  • ¿Cuáles son las principales salidas profesionales para los especialistas en Derecho Fiscal?

El Derecho Fiscal ofrece numerosas salidas profesionales. Se puede optar por el sector público, a través de oposiciones a la Agencia Tributaria estatal, autonómica o local; por el sector privado, integrándose en departamentos fiscales de grandes empresas o de empresas medianas; por el mundo de la asesoría y la gestoría; o por el ejercicio profesional en despachos, tanto en grandes firmas como en despachos medianos o especializados.

Además de ser una rama con muchas oportunidades, es un ámbito que, en general, ofrece una buena remuneración, especialmente a medida que se adquiere experiencia y especialización.

  • ¿Podría destacar algún caso o experiencia especialmente relevante en su carrera?

Uno de los hitos más importantes de mi carrera ha sido la participación en la declaración de inconstitucionalidad del Real Decreto-ley 3/2016, una resolución de enorme impacto económico, pues en su momento se cuantificó por el propio legislador como una medida que pretendía aumentar la recaudación anual en miles de millones de euros.

También recuerdo con especial satisfacción diversas sentencias del Tribunal Supremo en materia tributaria, como las relacionadas con la exención por trabajos realizados en el extranjero o la deducibilidad de la retribución de los administradores, en las que se ha contribuido a la formación de jurisprudencia.

El ejercicio de la litigación tributaria permite asumir casos de gran relevancia y complejidad, y obtener resoluciones favorables frente a la Administración genera una satisfacción profesional difícil de igualar.

  • ¿Cómo cree que la inteligencia artificial está impactando en la abogacía y, en particular, en el Derecho Tributario?

La transformación digital lleva años influyendo en el ejercicio de la abogacía, y la inteligencia artificial ha supuesto un paso más en este proceso. En los despachos ya se están utilizando herramientas de IA para optimizar tareas, analizar información, resumir resoluciones o localizar jurisprudencia de forma más eficiente.

No obstante, la inteligencia artificial no es infalible y todavía presenta riesgos, especialmente si se utiliza de forma acrítica. Puede cometer errores, inventar referencias o ofrecer interpretaciones incorrectas. Por ello, debe entenderse como una herramienta de apoyo y no como un sustituto del criterio jurídico del abogado.

Bien utilizada, la IA cambiará de forma significativa la manera de trabajar, pero el papel del abogado seguirá siendo insustituible.

  • ¿Cuál es su visión sobre el futuro del Derecho Fiscal?

La fiscalidad es un elemento estructural de cualquier Estado moderno. Los impuestos han existido siempre y seguirán existiendo, ya que son esenciales para financiar los servicios públicos y el funcionamiento del Estado.

En el futuro veremos sistemas tributarios cada vez más complejos y especializados, con nuevas figuras impositivas, especialmente en ámbitos como el medioambiente o la salud. La fiscalidad evolucionará al ritmo de la sociedad, pero seguirá siendo un pilar fundamental del ordenamiento jurídico.

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